11/10/2020 / 12:34
Luis Monje Ciruelo


Imagenes

Paisajes del Señorío

En total 320 kilómetros, en su mayor parte por el Parque Natural del Alto Tajo, que resultaron inolvidables para quienes intentaban descubrir en la belleza de sus paisajes el verdadero espíritu de Molina de Aragón.


 Al hablar de paisajes en Molina, sin querer piensa uno en seguida en su gran riqueza forestal, en su alterada orografía de altos montes y profundos valles cubiertos de pinos, y  de abundantes aguas que acaban confluyendo todas en el padre Tajo. Y en su busca nos fuimos, primero, al cercano lugar de Castilnuevo, idílico paraje de frondosas choperas escoltando la ya caudalosa corriente del río Gallo. El silencio y la soledad del sitio, donde suena a pecado el ruido del coche, tiene el contrapunto romántico entre los árboles del campanario de la iglesia en ruinas cubierto de hiedra y todavía con el bronce de sus dos campanas en los huecos. Y, después, como es preceptivo, nos dirigimos al Barranco de la Hoz, el más hermoso paisaje de la provincia, como todos saben, que puede ser contemplado de abajo arriba, desde la carretera y el río, y de arriba abajo desde la altura si se sube por una escarpada senda junto al Santuario o se da la vuelta con el coche por Corduente.    

No nos detuvimos en el Barranco, aunque hicimos varias paradas para admirar nuevamente la sinfonía de agua, rocas y árboles que configuran los más de doce kilómetros del desfiladero. Entre sus chopos, álamos y sauces habría que permanecer varias horas en días no finisemanales, para evitar el bullicio de los visitantes. Sería la única manera de disfrutar a fondo de la paz y del rumor del agua en las piedras del río, tumbados en la hierba decúbito supino, para contemplar la fronda forestal que nos protege de los rayos del sol y, a su través, divisar la melena de pinos que trepan a las alturas por sitios inverosímiles y se asoman arriesgadamente al Barranco. Seguimos río abajo hacia Torete, cruzamos a la margen izquierda del Gallo, y otra vez encontramos un estrecho y frondoso desfiladero antes de remontar la cuesta que nos habría llevado a Cuevas Labradas si a media ladera no hubiésemos tomado una pista forestal de tierra, a la diestra mano, para descender levantando polvo a la orilla derecha del río por un puente sin barandillas. Desde allí, por las alturas de Zaorejas y Villanueva de Alcorón, la modernizada carretera nos llevó a cruzar otra vez el Tajo, esta vez en Trillo, siempre entre espléndidos pinares e inigualables paisajes que nos hicieron moderar la velocidad para mejor contemplarlos. Fueron en total 320 kilómetros, en su mayor parte por el Parque Natural del Alto Tajo, que resultaron inolvidables para quienes intentaban descubrir en la belleza de sus paisajes el verdadero espíritu de Molina de Aragón.


En cumplimiento de la Ley 34/2002 de Servicios de la Sociedad de la Información y Comercio Electrónico LSSICE y sus modificaciones del Real Decreto-ley 13/2012, de 30 de marzo, que afectan al uso de cookies y a los envíos comerciales por correo electrónico, y en cumplimiento de la Directiva Europea 2009/136/CE, le informamos que nuestro sitio web www.nuevaalcarria.com colocará cookies própias y de terceros en su ordenador para ayudar a mejorar la navegación en su web y obtener datos estadísticos. Si continúa navegando consideramos que acepta su uso.
OK | Más información

Tiempo: 0.8241 seg., Memoria Usada: 1.22 MB

Diseño web Inweb © 2015 - 2020