08/11/2020 / 13:15
Luis Monje Ciruelo


Imagenes

Palomares muertos

 Nos preocupa la muerte, y casi más el miedo a la muerte, que ha servido para construir la historia de la Filosofía. 


En mis salidas sabatinas por la provincia, vengo notando que en los cementerios rurales, aquellos corrales de muertos que decía Unamuno, empiezan a construirse cada vez más columbarios.  Un columbario no es un palomar, como podría pensarse por su etimología latina, sino un lugar para guardar las urnas cinerarias. El progreso se apresura a buscar soluciones al creciente horror de que nos coman los gusanos y ha inventado, mejor dicho, ha recuperado el columbarium de los romanos. Y no sólo lo ha puesto de actualidad, sino que para restarle dramatismo a la muerte trata de alejar este depósito de urnas del cementerio. Se piensa que despojándole de ese dramatismo la muerte quedará en lo que realmente es: un fenómeno enteramente natural al que, a lo largo de la vida, deberíamos prepararnos. Dicen que morirse es una vulgaridad, y así debería ser, pues sabemos que “morir habemos”, como dicen los trapenses. Pero nos preocupa la muerte, y casi más el miedo a la muerte, que ha servido para construir la historia de la Filosofía. Mas dejémonos de filosofías, y volvamos al realismo de la carga dramática que tiene la muerte y que se endosa a los cementerios. Con un columbario aséptico, con reproducciones artísticas de temática religiosa, aunque no alusivas a la muerte; sin lápidas mortuorias, sustituídas por mosaicos, y hasta quizá –aunque eso no se ha dicho- con un fondo musical apropiado, del que, supongo, sería excluído Vivaldi, se intentará eliminar de los futuros sepelios todo patetismo. Que se consiga o no, eso ya lo veremos, quiero decir ya lo verán, porque a lo mejor a uno no le da tiempo. Parece que con la cremación se favorece el polvo eres y en polvo te convertirás del pórtico de la Cuaresma, aunque más que polvo somos agua, según nos enseña la Fisiología. El caso es que con este relativismo de hoy (Ratzinger dixit) cualquiera diría que lo que buscamos es un sepelio “ligth”, que no sea enterramiento, de tremendistas resonancias, ni inhumación ni siquiera sepelio porque en latín significa enterrar. Menos mal que se mantiene la Cruz, pero no me extrañaría que algún día en esta moda antirreligiosa se llegara a incineraciones civiles y que nos despidiera, en éste u otro columbario, un juez, un alcalde o un concejal. 

 


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