24/09/2018 / 20:01
Jorge Riendas


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PLANIFICACIÓN.0 ¿Tenemos lo que nos merecemos?


Si les dijera que la pregunta que antecede estas líneas se refiere a nuestro entorno, a las calles y plazas por las que transitamos, a la trama urbana y el caserío de nuestra querida capital de provincia, seguramente muchos de ustedes dirán que sí, que tenemos lo que nos merecemos, porque en Guadalajara nunca pasa nada, nadie se queja, y al final tenemos… lo que nos merecemos.

Llevo escuchando estas excusas desde que prácticamente tengo uso de razón, y sobre todo se esgrimen sin piedad delante de ajenos a la ciudad, en presencia de foráneos, de turistas o visitantes que sorprendidos por la diversidad de las calles y los edificios en los que vivimos y trabajamos se preguntan cómo hemos llegado a este punto, a este despropósito de ciudad ecléctica sin identidad ni orden.

Pero no sólo se lo preguntan desde un punto de vista estético o arquitectónico (fachadas de ladrillo, enfoscadas, chapadas de piedra, acristaladas en su totalidad, prefabricadas… cubiertas de teja árabe, de hormigón, incluso de chapa, de “uralita”… edificios más feos que pegar a un padre surgen junto a bienes protegidos de enorme valor artístico y arquitectónico…), sino que también se sorprenden desde un punto de vista urbanístico (edificios de 2 plantas al lado de otros edificios de 7 plantas, unas fachadas que se retranquean de la acera y otras que no,

soportales encajonados y otros que no continúan, locales comerciales de toda índole y disposición de huecos en su fachada, carteles y rótulos descontrolados de dudoso gusto y decoro, calles anchas cual bulevares, callejones estrechos y recónditos, amplias y minúsculas aceras conviven con zonas peatonalizadas a medias o del todo, calles sin retorno o cortadas, plazas inaccesibles y aparcamientos improvisados, cuestas interminables que no son practicables…), por no hablar del queso de gruyere que tenemos en el casco histórico y periferia, repleto de solares y edificios abandonados y vacíos sin previsión de desarrollo a corto plazo.

Quizá para el ciudadano de a pié, sea otro chascarrillo de bar, otra perla con la que entretener las horas muertas como grandes críticos de barra que somos todos, pero para los profesionales esto no debería ser cuestión baladí. Para la mayor parte de los que nos dedicamos a generar espacios y lugares en los que se habite, trabaje y conviva cada vez mejor, este tipo de comentarios no debería  de ser motivo de jocosidad y crítica facilona, sino que más bien nos debería sonrojar en más de una ocasión, y máxime si alguno hemos tenido la desgracia o el dudoso honor de participar de alguno de los exabruptos que son la comidilla del momento o incluso del pasado o presente más actual.

Llevo años escuchando esa retahíla recurrente acerca de cómo hemos llegado a esta situación, cómo se ha podido perder prácticamente todo ese encanto que tiene cualquier ciudad de Castilla y que ésta, sin duda, tuvo; como cualquier capital de provincia histórica.

Es evidente que todo esto es consecuencia de un desarrollo urbanístico mal gestionado, nada sostenible y nunca planificado a medio plazo.

Creo que, al margen de los probables culpables que muchos señalarían con el dedo, hemos de mirarnos todos al ombligo: técnicos, gobernantes y ciudadanos. No puede ser sólo culpa de algunos arquitectos, ingenieros o aparejadores atrevidos, no puede ser sólo culpa de algún promotor sin escrúpulos, no puede ser todo culpa de los servicios urbanísticos municipales, tampoco puede ser sólo culpa de los ciclos urbanísticos de burbujas y pelotazos, me niego a pensar así, soy de los que opinan que debemos tener más amplitud de miras y saber recapacitar parar hacer propuestas honestas y sinceras, desde el pensamiento y la planificación, pero ¿cómo lo hacemos? ¿cómo podemos hacer para que esta inercia tan perniciosa para nuestra urbe cambie de una vez por todas?

 

Creo que ya está llegando el momento en que no a todos nos vale todo. Estamos hartos de escuchar hablar acerca de la Guadalajara de las tecnologías que nunca llegan y de la nueva era de la excelencia en la que la información inmediata nos hará mejorar de una vez por todas.

Es cierto que ha llegado un momento único en que la documentación y la información puede distribuirse y transmitirse fácilmente. Pero no se trata sólo de eso, no se trata de la que la documentación y la información exista, sino que lo que hay que hacer es que realmente se distribuya y se divulgue.

Desde Europa no paran de recordarnos, directiva tras otra, que las ciudades son principalmente núcleos de población, y que ésta, la población, debe participar de ellas y debe dejar de quejarse en las barras de los bares a hechos consumados (será que no tenemos suficientes motivos para quejarnos en los bares… al menos intentemos que no sea por estas cuestiones).

Foto Rafael Martín

Desde este modesto espacio, me permito sugerir a nuestros gobernantes actuales y futuros que empiecen ya a tomarse en serio esto de la “Participación Ciudadana”, que se empiece a gestionar de una vez por todas desde la ciudadanía una “Planificación urbanística sostenible, revisable y mejorable de la ciudad a medio y largo plazo”, es hora de parar los proyectos faraónicos por muy arquitectónicos, impactantes y electoralistas que puedan ser para consensuar entre todos cual es la Guadalajara que queremos, empezando por poner en valor lo que más queremos de nuestra Guadalajara. Seguro que ésto nos permite entrever esa identidad que ahora no se atisba por ningún sitio. Es hora de construir menos Urbanismo y menos Arquitectura para diseñar y tejer más Comunidad, ha llegado el momento de generar y crear más CIUDAD, con mayúsculas.

Si bien es cierto que todo ésto depende en mayor o menor medida del compromiso cívico de los ciudadanos, no podemos aseverar a día de hoy que los guadalajareños no quieren o no queremos participar en las políticas urbanísticas de la ciudad, y como ejemplo me remito a las Mesas Redondas que se organizaron hace ya varios años entre los Colegios profesionales de Ingenieros de Caminos, Arquitectos y Aparejadores sobre rehabilitación y mantenimiento en el patrimonio histórico-artístico del casco, sobre dinamización cultural y social del casco, y sobre accesibilidad y movilidad en el casco; las cuales fueron un éxito de participación y divulgación entre los vecinos del centro principalmente, junto con el resto de ciudadanos que se interesaron y mucho por su ciudad.

Como anécdota y para poner los pies en el suelo, traslado esta reflexión surgida hace apenas unas semanas mientras visitaba junto a compañeras y compañeros las obras del edificio de los nuevos Juzgados por gentileza del Colegio de Aparejadores y la constructora que hace las obras: ¿alguien ha pensado dónde se va a aparcar cuando entre en funcionamiento el edificio? ¿alguien ha previsto cómo se va a regular el caos circulatorio que sin duda se producirá en una calle que acaba en una rotonda sin más? ¿a alguien se le ha ocurrido pensar que tanto los funcionarios del gremio de la justicia, como a los peritos o ciudadanos personados como parte o testigos estamos acostumbrados a desayunar, almorzar, comer o incluso reunirnos en los bares próximos a este tipo de instalaciones? ¿dónde se encuentran estos espacios que tanta actividad económica aportan a la ciudad y barrio en donde se ubican estos servicios públicos? ¿alguien ha pensado ya si algún transporte público va a hacer su parada en las proximidades del edificio aunque durante la bajada y subida de peatones se paralice el tráfico de esa calle que más bien será una ratonera? ¿alguien ha pensado en cómo accederán hasta este edificio las personas con movilidad reducida y desde dónde? Aquí tenemos un ejemplo claro del anuncio fácil, de la obra escaparate, de las decisiones no planificadas ni pensadas, de la Guadalajara que tenemos. Y no quiero entrar en lo más fácil, que sería también preguntarse en qué se ha pensado hacer con los edificios en los que actualmente hay actividad jurídica y que se supone que será trasladada al nuevo edificio ¿qué ocurrirá con la actividad que generan a su alrededor? ¿a qué se van a dedicar todos estos edificios? ¿qué ocurrirá con los negocios que dependen de esta actividad?...

Volviendo al hilo de la cuestión, para conseguir que los ciudadanos podamos participar y opinar, hay que crear cauces que así lo faciliten, pero sobre todo, hay que dar tiempos y plazos para que podamos entre todas y todos aportar ideas y trabajar en ello cuanta más gente mejor. Además, hay que tener en cuenta que, facilitando la participación, incluso fomentándola, se consigue respaldar a muchas actuaciones que nacen vistas con recelo por el mero hecho de ser incuestionables e impuestas per sé por el dirigente de turno. El silencio que pueden provocar ciertas propuestas personalistas y minoritarias en la ciudadanía, nunca debe tomarse como un mero aval o apoyo a las mismas, basándonos en la premisa del tan manido “el silencio otorga”.

Si los cauces de participación e integración de la ciudadanía en las decisiones de la ciudad fueran posibles y estuvieran al alcance de cualquiera, cuando escucháramos en esas conversaciones jocosas las críticas facilonas a los últimos cambios acontecidos, podríamos decir con total rotundidad: haberlo dicho antes ¿no? ¡porque tiempo e información has tenido! Ya no podríamos excusarnos en cargar contra unos pocos la responsabilidad y la decisión, sino que habríamos de asumirla entre todas/os como nuestra.

Llegados a este punto, algún que otro compañero estará pensando que Jorge no sabe que el urbanismo es de las pocas disciplinas cuya exposición pública es obligada, con sus periodos de alegaciones y demás, por supuesto que es así. Pero a lo que me estoy refiriendo es que de nada sirve publicar propuestas de modificación urbanística en los BOE´s, BOP´s o DOCM´s, si no se produce a la vez una pública difusión mediática que realmente llegue al ciudadano de a pié y que actualmente es posible, organizando incluso conferencias, jornadas, mesas redondas y de debate, lluvias de ideas y propuestas de toda índole… en las que los técnicos y profesionales expliquen las bondades de sus propuestas e ideas, y en las que se puedan recoger y analizar opiniones de todo tipo (¡qué didáctico y sencillo es meramente escuchar!); pero no se trata sólo de eso, sino que también creo que es posible establecer plazos de exposición y consulta mucho más amplios que los mínimos que establece la propia norma urbanística o legislación de turno, pues estos requisitos de tiempo son mínimos, no máximos. Y es a esto a lo que me refiero cuando hablo de fomentar la participación ciudadana y de los colectivos en el desarrollo urbano de nuestra ciudad (que también hago extensivo al resto de municipios de la provincia, por supuesto).

He de reconocer, y no lo hago con gana, todo sea dicho, que las últimas propuestas de modificaciones urbanísticas en Guadalajara capital, incluso las estrategias de dinamización y/o desarrollo urbano sostenible integrado, y demás, no se han producido en las mejores fechas favoreciendo amplios plazos para su análisis, sino más bien todo lo contrario, había que estar muy pendiente para poder presentar alegaciones en muchos casos y decir que la participación ciudadana ha existido es como poco, atrevido y falaz. No soy de los que puedan llegar a pensar que la razón que subyace en las fechas de publicación de este tipo de anuncios siempre en periodos de descanso (diciembre, agosto…) sea para que los ciudadanos no se enteren sin más, no piensen ustedes que soy de esos; lo que

yo creo, es que se hace en esas fechas simplemente para dejar correr tiempos en los que la administración local suele estar hibernando (en periodos vacacionales), para que el tiempo pase rápido y los funcionarios de turno puedan seguir con sus tramitaciones en cuanto se reincorporan. Sinceramente creo que se hace intentando acometer lo antes posible las reformas que se proponen, como ahora viene ocurriendo con esa vorágine de obras en el Casco Histórico y Río Henares para “gastar” un dinero que parece caído del cielo, porque ya me dirán ustedes lo que se ha hablado en los últimos años de lo necesario que era acometer obras en el Mercado, en el río Henares, en el Centro Cívico, etc. No me negarán ustedes que esto no suena a: “Ahora que tenemos dinero, a gastarlo y cuanto antes”, sin planificación de por medio, sin consenso acerca de qué obras y cómo han de ejecutarse, confiando en la bondad de algún iluminado que intente cambiar la percepción de que “tenemos lo que nos merecemos”.

Y hablando de todo un poco, de la revisión del POM de Guadalajara… ¿se sabe algo? (cri, cri,cri, el grillo llora)

Es evidente que, publicar convocatorias y anuncios de obras o concursos en periodos estivales o festivos (en la semana del 20 de diciembre o en pleno mes de julio o agosto), no ayudan a que el número de ciudadanos que quieran aportar sus granitos de arena puedan hacerlo, tampoco ayudan a que empresas de mayor o menor capacidad o acceso a la información puedan optar a ellas, y tampoco ayuda a que alguien pueda dejar de tener pensamientos perniciosos acerca del: ¿por qué tanta prisa y ahora? ¿realmente se quiere conocer la opinión de la ciudadanía?

Me despido con una pregunta: ¿creen ustedes que algún día dejaremos de usar estos argumentos en nuestras conversaciones de barra? Por el bien de esta ciudad, de los que habitamos y convivimos actualmente en Guadalajara, y de los que han de disfrutar en un futuro no muy lejano esta ciudad que estamos permitiendo, esperemos que sí.

POSDATA: También por el bien de nuestra comunidad y nuestra cultura, no dejemos de ir a los bares y centros de reunión y espectáculo, que ellos no tienen la culpa (por desgracia, siempre seguiremos teniendo algo de lo que despotricar mientras nos reunimos y charlamos en ellos).

 


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