09/02/2019 / 15:04
Pedro Villaverde Embid


Imagenes

Susto en el Hospital

El suceso obliga a reflexionar sobre los protocolos de seguridad en el Hospital. 


 La reacción de la Policía Nacional que desplegó un amplio dispositivo para la detención de la causante del suceso en poco más de tres horas dejó en susto el rapto de un bebé en el Hospital de Guadalajara en la mañana del sábado. Lo alarmante es que una mujer pudiera entrar con bata de médico a una habitación y salir sin que se nadie se percatase del engaño y del delito que se estaba cometiendo. Es momento de reflexionar sobre la seguridad de los pacientes en un lugar de libre acceso a cualquier hora del día o de la noche y en el que se facilita en la recepción la información sobre el número de habitación de los ingresados sin pedir documentación a quien se interesa por el enfermo. Nos sorprende que en tiempos en los que tanta importancia se da a la protección de datos y el derecho a la intimidad se facilite la localización del internado sin mayores requerimientos. En todo caso, el suceso del pequeño que viajó a Cabanillas con una desconocida, posiblemente trastornada, aunque haya tenido final feliz, obliga a reflexionar sobre los protocolos y modos de actuar.  

    La situación nos  lleva al recuerdo de lo que durante una época fue norma en el Hospital, hace, unos treinta años. Entonces, a cada enfermo sólo le podían visitar dos personas a la vez y había que presentar tarjeta en la planta baja para llegar a los ascensores, controlado el acceso por guardias de seguridad. El motivo era evitar la presencia numerosa de familiares o amigos en la habitación o en los pasillos que en nada beneficia ni a quien padece la dolencia ni al trabajo de los profesionales. Tuvimos en aquellos momentos familiares hospitalizados y alguien debía bajar a dejarnos la tarjeta, marchándose entonces ese acompañante.  Resultaba molesto sí y llevaba a discusiones. Y ya fuera por esos enfados, las protestas, la restricción de libertades que implicaba, el coste de la medida o simplemente por un cambio en la gerencia, se dejó de hacer, pero aquello podría ser el germen de la solución que ahora se precisa. Posiblemente sería mejor que fueran cuatro pases en lugar de dos por paciente o articular otro sistema, pero lo que está claro es que hay que controlar de alguna manera las deambulaciones, de forma especial a las zonas donde se encuentran los niños.  No dejemos pasar la ocasión para pensar en estas cuestiones ni para mostrar una vez más nuestra felicitación a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, diligentes, al personal sanitario del Hospital, competente,  y a la farmacéutica de Cabanillas que con sus reflejos facilitó la resolución del caso. 


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