Trillón Musk


En esta columna de economía ya había tenido la posibilidad de tratar ciertos temas de economía ficción como el billete del trillón de dólares que apareció en el episodio 198 de Los Simpsons (ambientado una rocambolesca historia de como Homer hace a última hora su declaración de la renta y finaliza con una “donación” del Sr. Burns a Fidel Castro) o una pequeña lista de quien sería el villano de ficción más acaudalado de la historia del comic o del cine (el propio Sr. Burns “solo” tendría 16.800 millones de euros a céntimos-luz de otros malos malísimos como Víctor Von Doom, el Baron Harkonnen de Dune, Darth Vader, Thanos, el Emperador Palpatine, Shaddam IV o Kang el conquistador, cuyos patrimonios superan ampliamente el millón de millones de dólares por sus propiedades o posesiones en la pequeña o gran pantalla), siendo ésta al final una pequeña ventana a la economía rutinaria, a la actualidad o a los ejercicios mentales sobre el dinero.

También en estas líneas ya se reflexionó sobre la exageración al absurdo que era la figura del Tío Gilito, fallecido en 1.967 con un patrimonio estimado de 65.000 millones de euros. Antaño, poca gente podía esperar que pudiera haber una acumulación de riqueza tan inmensa, por lo que se llevó al extremo el concepto de patrimonio con aquella piscina de monedas de oro. Si tuviera que elegir, preferiría tener mi propia Estrella de la Muerte, aunque la certeza de tener dicha pileta dorada eliminaría de un plumazo cualquier problema presente o futuro sobre los riesgos de la inflación.

 A mitad de camino entre Europa y Estados Unidos, el Atlántico y el idioma separan los billones y trillones conceptualmente. En términos comparativos, el billón europeo es igual al trillón americano y de un pestañeo visual, ambas cifras coinciden en ser un 1 seguido de 12 ceros. Este número, irrisorio para la mente humana en términos de consumo, es el patrimonio que acaba de registrar Musk en su haber, tras haber sacado a bolsa su empresa SpaceX destinada al siguiente salto de la exploración especial.

Si hace unas pocas fechas podía haber competencia entre Larry Page, Sergey Brin, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Bernard Arnault y Amancio Ortega (todos por encima de los 150.000 millones de euros), es ahora Elon el que se ha pasado del juego de golpe. Esta cifra, la del trillón americano, es tan monstruosa que la comparación numérica es simplemente absurda. El patrimonio medio de una familia americana es de escasos 200.000 dólares, Taylor Swift y Florentino Pérez tienen riquezas de 3.000 millones de euros o serían necesarios 10 Bill Gates (que no va cojo) para llegar al tope de la montaña del Sr. Musk.

Si cada segundo presionaras un botón y te dieran un dólar, tardarías 12 días en tener un millón de dólares y cerca de 31.709 años llegar a ese trillón. Si ganaras 1.000€/hora  y trabajaras sin parar durante todo el año sin descanso, tardarías 114.155 años en llegar al patrimonio de este tío. Si le diera por comprar todas las viviendas familiares de toda la provincia de Castellón o Badajoz, le seguiría sobrando el 92% de toda su fortuna. Si pusieras billetes de 100 dólares uno encima de otro, el primer millón tendría una altura de 1,30 metros, pero la totalidad de ese dinero apilado de la misma forma, llegaría al kilómetro de altura. Por capricho podría tener casi 100 equipos como el Real Madrid o comprar cinco veces todas las franquicias de la NBA y es equivalente al PIB de Arabia Saudí o Suiza (solo habría 18-20 países con más Producto Interior Bruto que su patrimonio). Desde el punto de vista del Monopoly moderno, no hay dudas que pasará a los anales de la historia, con sus luces y sombras por su actuación política en el MAGA de Trump así como su tumultuosa vida marital o reproductiva (incluida Amber Heard como guinda).

Lo peor de todo es que hemos normalizado esta desigualdad de reparto económico y obviado la capacidad técnica del ser humano dando valor a la posesión en vez de al conocimiento. Lo que queda claro que aquella cifra e imagen grotesca de la tenencia del tío materno del Pato Donald en ficción, se ha visto superada en dos generaciones por la cruda realidad del siglo XXI. Tío Gilito, eres un mierdas al lado de Trillon Musk, pero este último nunca tendrá el glamour de hacer largos de braza en su propia alberca opulenta. O mueres como un héroe o terminas viviendo lo suficiente para convertirte en un villano.