Un barrio ya desaparecido y muy recordado en Guadalajara: El cerro del pimiento
En la Guadalajara de principios del siglo XX existían cuatro lavaderos públicos: Santa Ana en la zona cercana a la Puerta de Bejanque, San Roque que recogía las aguas procedentes del paraje del Sotillo, el de la barriada del Alamín y por último la Guarrina, encima del santuario de la Virgen de la Antigua.
Según figura en el archivo municipal de Guadalajara, en el año 1917 se rehabilitó el lavadero de la Guarrina en un proyecto presentado por el arquitecto Francisco Checa Perea y una vez finalizadas las obras pasó a denominarse oficialmente como lavadero de la Antigua. Al ser una nave muy amplia, la mitad se utilizó para lavadero y la otra mitad para albergar los carros que se utilizaban para recoger la basura de la ciudad.
Los terrenos aledaños al rehabilitado lavadero estaban compuestos por huertas, viñas y arbolados que pertenecían a los herederos de Emilio Gutiérrez Mozas. Cuando el Ayuntamiento de Guadalajara convirtió este terreno en edificable fue cuando comenzaron a construirse viviendas a lo largo de las nuevas calles denominadas como Barrionuevo, Balconcillo, Era Alta y Lavadero.
Al nuevo barrio se le denominó cariñosamente como el del “Cerro del Pimiento”. Delimitaba con el Instituto Provincial de Puericultura y Maternidad, hoy llamado Complejo Príncipe Felipe, la Ronda de San Antonio y el camino del Matadero. Se construyeron un total de cincuenta y seis viviendas, llevando el agua a la nueva barriada a través de una canalización realizada por los propios vecinos, captando las aguas de una amplia acometida situada en el paseo de Las Cruces.
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El buque insignia de la nueva barriada del Cerro del Pimiento era su amplio lavadero y el santuario de la Virgen de la Antigua. Era tradición en el barrio realizar una hoguera que se encendía cuando la Patrona de Guadalajara regresaba a su santuario, tras la solemne procesión del ocho de septiembre. En el interior de la barriada era famosa la vaquería y lechería de Esperanza y Conrado, los chocolates y mieles de la familia Noguerales, la carnicería de la familia Abajo y la cestería de Serbulo. También en este entrañable barrio vivían las castañeras: Antonia Marguenda, Isabel Sánchez “ La Luna”, Ciriaca Santamaría y la Juliancilla, las cuales ponían sus puestos de castañas durante la estación invernal a lo largo de la calle Mayor.

La barriada tenía un equipo de fútbol llamado “Miralcampo” que jugaba sus partidos en el desaparecido campo de fútbol del Hogar del Productor, a pocos metros de la barriada. En la liguilla que se organizaba contra equipos de otros barrios de la ciudad, la rivalidad era máxima y acudían a animar la mayoría de los vecinos.

El final del barrio del Cerro del Pimiento fue a partir de 1960 cuando el Ayuntamiento de Guadalajara decidió la creación del polígono residencial del Balconcillo. Sobre los terrenos del antiguo barrio se construyó el instituto de enseñanza “Buero Vallejo” y las modernas viviendas de la calle Cardenal González de Mendoza. En la actualidad, el sábado anterior a la celebración de la festividad de la Virgen de la Antigua, los antiguos vecinos se reúnen al calor de la música en directo y a la tradicional limonada, en la Plazuela del Cerro del Pimiento, para recordar sus vivencias.