Verifactus Interruptus
Hace unos días, el Consejo de Ministros notificó que se aplazaba por un año tanto para sociedades (al 1 de enero de 2027) como para autónomos (a 1 de julio de 2027), dando una patada hacia adelante en el calendario a un asunto que quitaba el sueño a más de 7 millones de contribuyentes. Aunque la normativa busca perseguir la existencia de programas de facturación (SIF por nomenclatura tributaria) que pudieran generar sistemas de doble contabilidad (una con ingresos oficiales y otra con ingresos reales), al final supone que todos los ciudadanos deban manifestar a Hacienda en el momento de emisión (o incluso antes) las facturas que emiten a terceros sin esperar a un procedimiento de gestión o inspección tributaria o incluso a la declaración trimestral correspondiente.
Este control a priori, con amenaza de sanciones, multas o inspecciones más intensas o detalladas hacia los contribuyentes, ha puesto en alerta a todos ya que, ahonda en la mala imagen que se tiene en este país sobre el empresario, a la sazón, que es malo, que defrauda por sistema y que oculta por defecto. Ni todos los limones son amargos ni todas las naranjas son dulces. Habrá de todo, pero la generalización ha provocado, una incertidumbre entre todas las partes. ¿Estaré afecto? ¿Puedo seguir facturando a mano? ¿El Excel y el Word es válido? ¿Puedo elegir la opción de toda la vida? ¿Y si me cambio al SII?
Los asesores fiscales, en un ejercicio de pedagogía, paciencia y empatía, hemos tratado de aportar islas de tranquilidad dentro de un mar de dudas. No se puede tratar de la misma manera al tendero de la esquina que a una pyme que exporta un par de millones de euros. Y al final como todo lo español, se ha tenido que retrasar la situación 12 meses porque si no, el caos de información, recaudación y justificación que íbamos a tener en Enero iba a ser más comentado que las memorias del emérito.
El camino andado por el legislador es tener cada vez menos efectivo, más información fiscal, liquidaciones casi inmediatas, menos margen de error, más capacidad de tributación y sobre todo, optimizar con IA o con herramientas digitales la recaudación impositiva. Pero más allá de la necesaria modernización del contexto, es necesario hacer una reflexión sobre donde debe recaer el esfuerzo y el arrime de hombro en los sujetos obligados de nuestro país. Desde el punto de vista del ciudadano de a pie, llama la atención que cada vez se recaude más y haya menos servicios o que estos funcionen peor.
El ejemplo más claro es el AVE. No tiene sentido que hace un cuarto de siglo compensaran un retraso de 5 minutos con la totalidad del billete y ahora juguemos a la ruleta rusa con las llegadas de vehículos en épocas de vacaciones. En todo caso, este coitus interruptus ha generado más dudas para el sector. ¿Quién va a tener que sufragar el impacto tecnológico y la inversión realizada para implementar una solución que no tendrá obligación de realizarse al menos hasta el año que viene? ¿Qué pasará con ellas empresas que se han sometido al Sistema Inmediato de Información para ser tratado como gran empresa y evitar Verifactu? ¿Utilizaremos la picaresca española para pensar nuevas formas de rizar el rizo en este año de reflexión y trinchera?
Muchas dudas para tan poca margen de actuación sabiendo que el día 2 de diciembre, como el marisco de la Nochebuena, ya está casi todo pescado y congelado en las neveras. Pero mucho menos margen habrá si el próximo día 11 no se convalida este Real Decreto y tenemos que volver al plan original. ¿Es que nadie ha pensado en los pros y contras? Aquí, como en caso todo, ha faltado un plan de información real en lo que la gente se juega los cuartos: Su propio bolsillo y su contribución con el fisco nacional.
Al final, este alivio sobre la aplicación de la norma no oculta la sobrecarga documental y burocrática que va a suponer en las pymes esta y otras tantas normas sobre nuestro tejido empresarial. Dicho en palabras de un cliente (y amigo) que con más de 80 años sigue trabajando la madera con amor y cariño: “Cóbrame lo que me tengas que cobrar, pero no me toques las gónadas más de lo necesario”. En este caso, extrapolable a nuestras obligaciones tributarias. Verifactu es tan solo el primer paso del Gran Hermano fiscal.