02/12/2018 / 13:52
Pedro Villaverde Embid


Imagenes

Violencia que no cesa

Lo que trasciende a la opinión pública es una mínima parte de lo que está sucediendo, en concreto los casos con víctimas mortales o sucesos más rocambolescos o llamativos.


Acabamos de recordar que hay una epidemia en el mundo que es la violencia, el insulto, la falta de respeto, la intimidación, las vejaciones que sufren cada día muchas mujeres a manos, principalmente, de compañeros o excompañeros sentimentales, aunque también hay casos de menores, dependientes, ancianos, progenitores… Lo primero es pues la condena tajante de estos execrables comportamientos que no son por desgracia hechos aislados. Tenemos una buena amiga, compañera de la Universidad, que hoy trabaja en el Ministerio de Asuntos Sociales y conoce a fondo la problemática de la violencia contra la mujer. Nos comentaba recientemente, en una comida con los antiguos amigos de aquellos inolvidables tiempos, que lo que trasciende a la opinión pública es una mínima parte de lo que está sucediendo, en concreto los casos con víctimas mortales o sucesos más rocambolescos o llamativos. No es culpa, claro, de los medios de comunicación, ni de que haya intención de ocultamiento desde el Gobierno, simplemente no habría tiempo o espacio para informar de cuando un hombre arroja acido al rostro de su pareja, por ejemplo, algo que pasa más a menudo de lo que creemos, u otras muchas barbaridades. 

  La solución a esta vergonzante realidad es, en parte, la educación en la igualdad, en los valores de la dignidad, del diálogo y otros tantos, muy difíciles de condensar en una asignatura académica pues casi siempre se termina politizando a la hora de enseñar principios. Pasa también por el funcionamiento correcto y rápido de la Justicia, el endurecimiento de las penas, la ampliación de unidades y medios para que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y los jueces puedan actuar y proteger a las víctimas. La conciencia social existe y la solidaridad con la agredida se ha extendido con el tiempo. El miedo a denunciar es menor, y entendible por el vínculo emocional que condiciona el señalamiento al implicar a familiares y amigos, a sentimientos íntimos. Y aun así se debe animar a dar el paso, como lo han hecho en Guadalajara esta semana dos madres agredidas por sus hijos de 19 y 32 años. Tremendo. Nos preguntamos cómo se puede llegar a la situación de maltratar a alguien a quien has querido y seguramente te quiere. En todo caso, como sociedad, debemos seguir unidos para aislar a los violentos en todas las tipologías. No tienen cabida en nuestras vidas.


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