110 años de Buero Vallejo y una obra ya eterna
Solo un autor español moderno, pero ya clásico, como sin duda lo es Buero, con una dramaturgia tan potente como vigente y ajena a modas, sería capaz de lograr un hito como poner una pica teatral en extremo oriente.
El 29 de septiembre pasado se cumplieron 110 años del nacimiento en Guadalajara de Antonio Buero Vallejo, el más importante dramaturgo español de la segunda mitad del siglo XX y autor de una de las dramaturgias más singulares de esa centuria, como lo son también las de Valle Inclán y García Lorca, según proclama la prestigiosa Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, ágora en línea de las letras españolas. Que el teatro de Buero se ponga a la altura de los de Valle y Lorca no es más que la constatación de algo ya sabido como es la enorme calidad de su obra, ampliamente reconocida ya en vida al otorgársele numerosos e importantes galardones y reconocimientos. Entre ellos destaca, sin duda, el premio Cervantes de 1986, el primero concedido a un dramaturgo. Diez años más tarde recibió el Premio Nacional de las Letras Españolas, siendo también el primer autor teatral en recibirlo. Ingresó en la RAE en 1971, si bien su discurso de ingreso lo pronunció en mayo del 72, titulándolo “García Lorca ante el esperpento”, uniendo al escritor y poeta granadino con el estilo y la estética valleinclanesca de deformación de la realidad a través de lo grotesco para hacer crítica social y política. Buero, Lorca y Valle, uniendo caminos, aunque variando destinos.
Ya hemos dedicado a Buero en los últimos años varios artículos en esta misma colaboración mensual para Nueva Alcarria que lleva por título El Guardilón. Hoy lo volveremos a hacer con motivo del 110 aniversario de su nacimiento, repasando someramente sus estrechos vínculos con Guadalajara, sobre todo durante su infancia, mocedad y primera juventud, al tiempo que echando un vistazo a la actualidad y vigencia de su obra. El propio Buero dejó dicho en tercera persona que, cuando dejara de existir-hecho que aconteció el 29 de abril de 2000- “ya no quedará más que su obra y Buero será su obra».
Repasemos con brevedad su biografía. Antonio Buero Vallejo nació en la capital alcarreña el día de la festividad de San Miguel de 1916, exactamente en el número 39 de la entonces llamada Calle Mayor Baja y que, poco después y hasta la actualidad, lleva el nombre de Miguel Fluiters, el carismático alcalde que más hizo por reformar y modernizar esa zona de la ciudad, popularmente conocida como Santa Clara. Buero fue el segundo hijo del matrimonio formado por el ingeniero militar gaditano, Francisco Buero García, y la guadalajareña de Taracena, María Cruz Vallejo Calvo. Felicidad Calvo, mi propia abuela materna, prima hermana de María Cruz, acompañó a su prima en el parto de Antonio. Cinco años antes de nacer Antonio-familiar y amicalmente siempre conocido como Toni-, el matrimonio Buero Vallejo había tenido a su primer hijo, al que llamaron igual que al padre, Francisco, y diez años después del dramaturgo nacería su hermana, Carmen. En la foto que acompaña este artículo, tomada en 1924, se ve a los padres de Buero, Francisco y María Cruz, a su hermano, también llamado Francisco, y a él mismo (entre sus progenitores). Su hermana, Carmen, nacería dos años después.
Retrato de la familia Buero Vallejo, Guadalajara 1924. Biblioteca Virtual Cervantes.
Antonio y sus padres y hermanos vivieron en Guadalajara hasta 1934, año en que el destino militar del padre y el inicio de sus propios estudios de Bellas Artes obligaron a la familia a trasladarse a Madrid, exactamente a un piso en el número 36 de la calle del General Díaz Porlier, donde fijaron su residencia y el dramaturgo vivió hasta su muerte. Los Buero se trasladaron a la capital de España desde el Fuerte de San Francisco, donde tenían pabellón, o sea, vivienda militar, al ser Francisco Buero comandante del cantón. Entre 1927 y 1928, por destino profesional del padre, la familia residió en la ciudad marroquí de Larache. Por tanto, Antonio Buero Vallejo vivió y estudió en Guadalajara desde su nacimiento hasta cumplir los 18 años, con el inciso del período en que vivió en el norte de África. Su primera formación la recibió en su propia casa y el bachillerato lo cursó en el Instituto de Enseñanza Media, con sede en el antiguo palacio de don Antonio de Mendoza y después Convento de la Piedad, a apenas un centenar de metros de su domicilio. Dos años después de llegar los Buero a Madrid, se inicia la Guerra Civil con unas consecuencias muy duras para la familia: al padre, de ideas conservadoras, pero de talante moderado y ajeno al llamado “Alzamiento Nacional”, lo detiene “preventivamente” (al ser militar en la reserva) un piquete de milicianos, lo llevan a la checa de Porlier e, imprevisible e injustificadamente, lo incluyen en una “saca” y es fusilado el 7 de diciembre de 1936, muy probablemente en Paracuellos de Jarama. Por su parte, Antonio, simpatizante de izquierdas, militante de la Federación Universitaria de Estudiantes (FUE) y después del PCE, es llamado a filas y destinado a un regimiento de sanidad militar del ejército republicano. Prestó servicios, primero, en la zona este de Madrid y, más tarde, en las provincias de Castellón y Valencia. Allí, en retaguardia y trabajando en la oficina de su unidad sanitaria, pasó Buero la guerra hasta que concluyó en abril de 1939. Tras pasar unos días detenido en la plaza de toros de Valencia, regresa a su casa de Madrid a finales de primavera de ese mismo año. Semanas después, tras un chivatazo, es detenido por colaborar con una célula del PCE en la que él se encargaba de dibujar sellos para facilitar la salida de España a personas perseguidas por el régimen de Franco. Inicialmente es condenado a muerte, incluso está a punto de ser conducido al paredón en alguna ocasión, pero finalmente se le conmuta la pena y, tras permanecer siete años encarcelado en diversas prisiones, recobra la libertad en 1946. Al salir de la cárcel, retoma su inicial vocación por las artes plásticas, pintando varios cuadros con los que obtiene ingresos, pero termina decantándose por la dramaturgia y en 1949 gana el premio Lope de Vega con Historia de una escalera, obteniendo un triunfo arrollador cuando se representa en el Teatro Español, de Madrid. Ahí se inicia su imparable y creciente éxito como dramaturgo que se desarrolló a lo largo de cincuenta años, estrenando su última obra, Misión al pueblo desierto, apenas un año antes de morir. Buero escribió, a lo largo de su vida, más de una treintena de obras de teatro, adaptaciones de obras de tres grandes autores (Shakespeare, Bertolt Brecht y Henrik Ibsen), además de numerosos ensayos, artículos, prólogos y hasta una gavilla de buenos poemas.
Como el mismo Buero decía en la frase que antes hemos citado, una vez desaparecido en 2000, lo que realmente ha quedado de él es su obra. ¿Y qué ha sido de su obra en estos 26 años que han transcurrido desde su muerte? Ciertamente, no se ha representado tanta como a los muchos amantes de su teatro nos gustaría, fundamentalmente porque la escena actual va por otros derroteros éticos y estéticos respecto a la que hacía Buero, especialmente durante el franquismo, cuando practicó el realismo social, el costumbrismo, en sus inicios, y el simbolismo, siempre; ahora bien, cuando se han hecho buenos montajes teatrales suyos, como el de Historia de una escalera en el Español, dirigido por Helena Pimenta, en el invierno de 2025, el éxito ha sido clamoroso. Eso lo constata el hecho de que, en pocos días, se vendieran la totalidad de entradas, incluso las de visibilidad reducida, para las 57 funciones que se hicieron. Cada representación concluía con una larga y cerrada ovación por parte del público, doy fe, pues yo tuve la suerte de asistir a una de ellas. Fue tal el éxito de esta representación que en enero de 2027 está prevista su reposición.
Si en España triunfa Buero a poco que los montajes de sus obras están a la altura de ellas, lejos, muy lejos de nuestro país, exactamente en Seúl, la capital de Corea del Sur, en 2024 se puso en escena, con gran acogida de público y crítica, una adaptación musical de una de las creaciones más conocidas del dramaturgo alcarreño, En la ardiente oscuridad. Fue tal el éxito de esta singular versión de la obra de Buero con la ceguera como recurso para tratar sobre la ignorancia y la dolorosa búsqueda de la verdad, que, a principios de este mismo año, se ha vuelto a reestrenar. Están de moda los musicales dramáticos en Corea y suelen recurrir a autores europeos consagrados para sus programaciones, entre ellos a nuestro Buero. Hasta el periódico ABC se hizo eco en su día de la presencia y actualidad bueriana en Corea, dedicando al tema un amplio artículo que, significativamente, tituló “Bueromanía en Corea”. En el momento de su publicación, marzo de 2024, ya habían asistido 34.000 espectadores al musical que, en coreano, se titulaba: “Taoleuneun Uh-dum sok-e-seo”. Solo un autor español moderno, pero ya clásico, como sin duda lo es Buero, con una dramaturgia tan potente como vigente y ajena a modas, sería capaz de lograr un hito como este de poner una pica teatral, no ya en Flandes, sino en extremo oriente.
110 años después de su nacimiento, Buero continúa siendo, además de un autor representable y representado, un literato al que estudiar, valorar y difundir. Cursos de verano de prestigiosas universidades e instituciones, ciclos de conferencias, jornadas de autor… sobre él y su obra se programan con recurrencia. Quizás la más significativa y mayor novedad que haya últimamente sobre su dramaturgia sea la reciente publicación de sus Obras Completas por parte de la Biblioteca Castro (con Javier Huerta de redactor) que son, ya, verdaderamente completas, porque las de igual título que editó Espasa Calpe en 1994 (cuyos recopiladores fueron Luis Iglesias Feijóo y Mariano de Paco) se realizó aún en vida del autor. Por ello, no cubría lo que escribió en los últimos seis años de su vida, al editarse en el 94 y él fallecer en 2000. Aquella publicación también tenía limitaciones de espacio y, por ello, quedaron fuera muchos textos ensayísticos que ahora sí se recogen. Las Obras Completas de Buero de la Biblioteca Castro constan de tres volúmenes. El I (teatro escrito entre 1949 y 1975) se presentó en el Teatro Español, en enero del 25, el II (teatro 1976-2000) en la Feria del libro de Madrid, en junio de ese mismo año, y el III (ensayos, narrativa y poesía) se presentará en enero del 27, coincidiendo con la reposición de Historia de una escalera. No es la primera, ni será la última vez, que, más que decir, proclamo: ¡Buero vive! ¡Viva Buero!