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Hace apenas un año y medio, una noticia informaba sobre Veneno, un lince ibérico que transitaba por las calles de un pequeño municipio toledano, Cabañas de Yepes.
En el año 2002, el lince ibérico se convirtió en el felino más amenazado del planeta y fue declarado en peligro crítico de extinción por la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, encargada de la elaboración de la Lista Roja de Especies Amenazadas), con menos de cien ejemplares de la especie censados al sur de la península ibérica.
Ese mismo año, el Zoobotánico de Jerez (Cádiz) comenzó a implantar el Programa de Cría en Cautividad, o ex situ, una propuesta del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), dentro de la Estrategia Nacional para la Conservación del Lince Ibérico. El programa contempla dos metas principales: establecer una población ex situ de lince ibérico y preparar ejemplares para su reintroducción en áreas de distribución histórica. Las crías de lince ibérico Saliega y Aura, de tan solo dos meses de edad, se convirtieron en la esperanza de recuperación de su especie.
Un año después, las dos hembras fueron trasladadas al Centro del Acebuche, en el Parque Nacional de Doñana, para continuar con el programa de reproducción. Saliega, la primera en quedar preñada, parió tres hermosas crías que presentó a sus cuidadores el 28 de marzo de 2005: Brecina, Brezo y Brisa, de los que sobrevivieron las dos últimas. Se convirtieron en la primera camada de crías de lince ibérico nacida en cautividad. Al año siguiente se produjeron tres nacimientos, en 2007 seis. Actualmente, la cifra asciende a sesenta y dos.
El centro de cría de Silves, en Portugal, y los centros de La Olivilla (Jaén), Zarza de Granadilla (Cáceres) y El Acebuche (Huelva), en España, conforman los cuatro centros de cría en cautividad de la península ibérica.
La reintroducción, segunda meta del programa, se inició en febrero de 2011, momento en el que se liberaron en la naturaleza los primeros cachorros de lince ibérico nacidos en cautividad. Desde esa fecha y hasta 2025 se reintrodujeron 424 ejemplares en las condiciones óptimas tanto para los animales como para el entorno, con factores ecológicos y socioambientales favorables para acogerlos. Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura y Portugal fueron las zonas de reintroducción iniciales del programa, a las que se unieron las de la Región de Murcia y Castilla y León con posterioridad. Territorios que contribuyen a reducir el riesgo de extinción de la especie.
De aquel censo de 2002, con menos de cien ejemplares, al último publicado por el MITECO con los datos de 2025, las cifras demuestran que la recuperación del lince ibérico, en las manos adecuadas, es posible. Los ejemplares ascienden a 2663, con un dato más que esperanzador: el nacimiento en libertad de 952 individuos, de los cuales 823 tuvieron lugar en España y 129 en Portugal. Un hito en la conservación de una especie tan nuestra que permite que la especie haya mejorado su estatus en la Lista Roja de la UICN, pasando de En Peligro Crítico a Vulnerable. Sin embargo, la verdadera preocupación reside en alcanzar la cifra óptima que cruzará la línea de la conservación a la de la destrucción.
Hace apenas mes y medio, una noticia informaba sobre Veneno, un lince ibérico que transitaba por las calles de un pequeño municipio toledano, Cabañas de Yepes. Portando un collar de seguimiento, acechaba a los gatos de la colonia felina del municipio. Los vecinos le habían visto por las noches, durmiendo en una rotonda, y declaraban a los medios que estaban encantados con la presencia del felino. Pero ¿cuándo se desvanecerá ese encantamiento? ¿En qué momento los pinceles que coronan sus orejas y las patillas que cuelgan de sus mejillas, únicas de la especie, lucirán mejor en un salón que en plena naturaleza? La viralidad del caso en redes sociales tampoco ayuda a su protección, con visitas al municipio de personas que desean plasmar el avistamiento con un selfi.
Veneno no entiende que el destino es caprichoso: que la especie que le ha dado la vida es capaz de quitársela. Que el hábitat que lo cobija es, a la vez, el lugar más seguro de la tierra y el más peligroso, y que la elección de sus pasos puede ofrecerle total seguridad o conducirlo al peor de los destinos.