La cuestión animal


El paso está dado y el cambio social se consolida cuando las instituciones universitarias incorporan la ética animal en sus programas.

En estas últimas semanas de febrero, cada vez que me conectaba a mi red social, aparecía la misma publicidad: desde la sede de la UNED en Tudela, tentándome, se mostraba un curso de extensión universitaria sobre ética animal. El algoritmo me tiene calada: soy estudiante de la universidad a distancia y la protección animal me acompaña cada día. 

Al revisar el curso ofertado, La cuestión animal: ética, política y derecho, reparo en el nivel de los ponentes: docentes universitarios, académicos, investigadores y una abogada. Provienen de distintas universidades: la de Valladolid, la de Barcelona, la Pontificia Comillas, la Carlos III de Madrid (uc3m) y la UNED. El temario invita a reflexionar sobre nuestra relación con el resto de animales y pretende proponer alternativas teóricas y prácticas para construir un mundo más justo y habitable. El coordinador académico es Daniel Romero Campoy, profesor asociado de la Universidad Carlos III de Madrid.

A Daniel lo conozco por su activismo académico en general y, en particular, por haber cursado el Taller de Ética y Derecho Animal en 2025 en la uc3m, del Instituto de Derechos Humanos Gregorio Peces-Barba, del que es organizador. Cada sesión se convirtió en una fuente de conocimientos donde el respeto a los animales y a sus derechos se planteaba desde el mundo académico. La incursión de la protección animal en la universidad se tomaba en serio.

Daniel, además de organizador, es uno de los dos creadores del Taller, que nació en 2022. Momento en el que la Carlos III ya se mostraba abierta a esta temática. Se trata de una iniciativa con cierto reconocimiento en el ámbito universitario que  supuso un paso más en la divulgación académica vinculada al activismo. 

 

Daniel proviene de la tradición filósofa de la teoría crítica, que se caracteriza, entre otras cosas, por formular una teoría que tenga sentido y que lleve a la transformación social. Para ser coherente como profesor, me cuenta, tienes que ir a cambiar y a transformar mostrando lo que no es éticamente correcto, pero entendiendo que hay ciertas dinámicas que no son tan fáciles de modificar. De ahí su línea de trabajo, en la que intenta explicar dinámicas especistas con ayuda no solo de la ética, sino también de la psicología cognitiva y social.

En mi época de estudiante este tema era para gente muy singular, continúa Daniel, y este no era realmente un tema serio. Hubo más interés desde la academia que desde la sociedad cuando, en la década de los setenta y ochenta del siglo pasado, Peter Singer y Tom Regan publicaron sus obras de referencia de antiespecismo y de defensa de los derechos de los animales. El interés de la sociedad vino algo después. Las enseñanzas de ambos filósofos no calaron en ese momento y fueron pocos estudiosos los que les prestaron atención. Actualmente, las cosas han cambiado. Empieza a ser habitual que le lleguen propuestas de trabajo de fin de grado sobre derecho o ética animal, lo que es muy relevante porque contribuye a su normalización académica.

Los coordinadores del curso se muestran agradecidos con la UNED y en especial con la sede de Tudela por haberles propuesto realizarlo. No es lo habitual, matiza Daniel, suele ocurrir que nosotros los profesores, saquemos tiempo de donde no tenemos para proponer realizar cursos, conferencias o talleres dentro de nuestro activismo académico divulgativo. Sin embargo, las puertas se abrieron, una vez más, para dar voz a los animales a través de docentes universitarios. 

Jesús de Andrés, Vicerrector de Centros Asociados de la UNED y compañero en estas páginas, me transmite que hay mucha gente, cada vez más, que desde distintos ámbitos está interesada y preocupada por el tema de la protección animal. Y la universidad es uno más, añade. No puede estar fuera de un debate esencial la institución donde se generan buena parte de la reflexión y el pensamiento actuales. La UNED está ahí, contribuyendo a ese debate, a través del trabajo de sus investigadores y de las numerosas actividades que realiza en ese sentido.

Escuchándolos, entiendo que el paso está dado y que el cambio social se consolida cuando las instituciones universitarias incorporan la ética animal en sus programas.