La magia de Txoco


Queda esperar que Txoco se recupere físicamente de todas sus heridas y que mentalmente siga siendo el perro equilibrado que ha logrado superar aquello que solo él sabe que ocurrió.

La última vez que vi a Txoco fue un trece de agosto de dos mil veintidós a las once de la mañana, justo horas antes de su desaparición. Vuelvo a verle tres años y tres meses después y mi fiel compañera Juana, su amiga, con la que convivió junto a su tutor, Cristhian, no puede disfrutar conmigo de su vuelta a casa. Demasiado tiempo para creer que las cosas estarían en el mismo lugar tras mil ciento ochenta y ocho días de angustiosa espera.

Ocurrió en el camino de ASFAIN a Meco (en el término municipal de Azuqueca de Henares). Txoco, braco alemán, color chocolate, de ocho años, disfrutaba correteando por el camino, iba y venía alrededor de Cristhian sin perderlo de vista, pero llegó un momento en que dejó de verlo. Volvió a encontrarse con él el pasado 13 de noviembre, en Los Palacios y Villafranca. Había llegado a la protectora de la localidad sevillana. 

Una de las cosas que hizo la familia de Txoco aquel lejano trece de agosto fue difundir por todos los medios su desaparición, incluidas las protectoras de animales de todo el territorio nacional que fueron informadas y estuvieron pendientes de que su aparición pudiera producirse en cualquier momento y lugar. No se equivocaron: en una de ellas acabó cuando sus captores ya no vieron posibilidades de seguir explotándolo.

El perro aparece deambulando el domingo nueve de noviembre en la pedanía sevillana de Maribañez y es divisado por una mujer que le hace una foto desde su balcón. Se contacta con la policía local que confirma que el perro está identificado con microchip, y poco más hacen por el animal al que ni atienden ni retiran de la calle. Las vecinas contactan también con protectoras. Se encuentran colapsadas. Deciden ponerle una manta, comida y agua mientras siguen en busca de soluciones. La imagen del famélico perro se sube el once de noviembre a Facebook con un claro mensaje: perro castrado, macho, en situación de abandono. Una mujer que lo visualiza recuerda la búsqueda incesante de un perro llamado Txoco, que podría ser el abandonado. Ante la duda, difunde a su vez y contacta con la familia. A partir de ese momento, los mensajes de desconocidos y allegados colapsan sus teléfonos. El doce de noviembre, Laura habla con la protectora que lo ha acogido y, Cristhian de madrugada, inicia el camino que tantas veces deseó realizar desde que Txoco fue arrebatado de su lado. 

Las redes sociales, que se hicieron eco de su desaparición, celebran que el animal esté junto a Laura y Cristhian. Particulares y asociaciones vuelven a viralizar, de nuevo, su historia. Es el final de un calvario: el de Txoco y el de su familia. Aquellos que ayudaron en la búsqueda muestran su incredulidad en mensajes cargados de emoción, incluso algunos hablan de un milagro. Piden que se siga informando del estado del braco. Porque el perro no ha vuelto en las mismas condiciones físicas en las que se fue, el tiempo y el maltrato han dejado su huella.

El deseo de Cristhian es recuperar el tiempo que les arrebataron aquellos que saben que la justicia no va a condenar su comportamiento, aquellos que son conscientes de que llevarse un animal de otro no va a tener castigo, que esconderlo les va a resultar relativamente fácil y que seguirán destrozando la vida de los perros robados y de las personas que, angustiadas, sufren su desaparición.

Cuando Txoco desapareció escribí el artículo Magia por Txoco. El título correspondía al hashtag que se hizo viral en su búsqueda y en aquel momento reflejé el impacto emocional por el que la familia iba a transitar, la angustia, la desesperanza o la incertidumbre. Ahora toca disfrutar de la fase de la localización: para cerrar, para continuar viviendo, para desprenderse de sentimientos de culpa o reproche, para finalizar la espera y para encontrar la tranquilidad emocional.

También queda esperar que Txoco se recupere físicamente de todas sus heridas y que mentalmente siga siendo el perro equilibrado que ha logrado superar aquello que solo él sabe que ocurrió. En sus oídos resuena la voz de Cristhian un 13 de noviembre, a las ocho de una lluviosa mañana, a casi seiscientos kilómetros de su hogar: Has vuelto, colega.