Hablemos de felinos
Un estudio de la Universidad de Cambridge ha trazado un mapa de la expansión del gato doméstico desde tiempos preneóliticos hasta la época vikinga.
¿Qué les parece si hoy nos damos un paseo por el origen y los antepasados de nuestros queridos gatos domésticos?, esos que ocupan un lugar privilegiado en nuestro hogar sin que opongamos resistencia a sus deseos.
Los félidos hicieron su primera aparición en la Tierra hace treinta millones de años. Este dato se obtiene del resto fósil más antiguo hallado. Perteneció a un pequeño felino de apenas quince centímetros, llamado Proailurus lemanensis. Desde entonces, existe una gran diversidad de especies por todo el mundo, distribuidas en los cinco continentes.
La domesticación se produjo algo después. Hasta el año 2004 se consideraba que había tenido lugar en Egipto; sin embargo, el hallazgo de un esqueleto de gato de unos ocho meses, enterrado junto a un hombre en Shillourokambos, sitúa actualmente su origen en Chipre hace ya 9.500 años.
Un estudio de la Universidad de Cambridge ha trazado un mapa de la expansión del gato doméstico desde tiempos preneolíticos hasta la época vikinga, confirmando que esta coincide con grandes movimientos migratorios o expansiones militares. También ha comparado numerosas mandíbulas de gato doméstico, pertenecientes a diferentes lugares y épocas, con las de dos especies de gato silvestre: el gato salvaje europeo (Felis silvestris silvestris) y el gato salvaje africano (Felis silvestris lybica) y concluye que el gato doméstico procede de este último.
El Dr. Andrew Kitchener, en su libro La historia natural de los gatos salvajes, realiza un estudio sobre las treinta y siete especies de felinos del mundo: siete especies de grandes felinos y treinta de pequeños.
El primero de los grandes felinos es el león, el más fuerte del mundo, solo superado en tamaño por el tigre. Ruge, tiene una estructura especial en su garganta para lograr este sonido. Los leones machos presentan una característica única entre los felinos: su melena. Son los únicos felinos que viven juntos en manadas formando una estructura social: una familia. En esta alianza, las hembras son las encargadas de conseguir alimento.
El felino más grande es el tigre. Solitario, tiene el cuerpo especializado para cazar presas de gran tamaño, con cuello grueso, antebrazos largos y musculosos, mandíbula poderosa, garras grandes y sentidos agudos. Al igual que los gatos domésticos, sus garras (que miden hasta 10 cm de largo) son retráctiles para mantenerlas afiladas y listas para cazar.
El leopardo es considerado el felino más atractivo. Sus características motas marrones sobre la piel amarilla son una herramienta de camuflaje. Como experto depredador, suele llevarse a sus presas a las alturas de los árboles.
Felis catus.
Al igual que el leopardo, el león y el tigre, el jaguar ruge. Vive en el continente americano, donde carece de enemigos naturales, a excepción del ser humano. Es el tercer felino más grande del planeta, un excelente nadador, un caminador incansable, solitario y muy territorial.
El más pequeño de los siete es la pantera de las nieves, la más solitario del mundo. Con un pelaje grisáceo y manchas para camuflarse, está adaptado a condiciones extremas. En las producciones de BBC Earth se le llama “fantasma de las montañas”, por lo excepcional de su avistamiento.
El séptimo gran felino es la pantera nebulosa. Especie arbórea con gran capacidad para trepar y extrema agilidad para moverse entre árboles. Debe su nombre a las manchas en forma de nube que decoran su pelaje.
Desde la organización Global Wildlife Conservation, con sede en Texas, se calcula que más del 99 % de los fondos destinados a los félidos desde 2009 han ido a parar a jaguares, tigres y otros grandes felinos. Como resultado, muchos pequeños felinos no se han estudiado lo suficiente, o incluso en absoluto. Su habilidad para pasar desapercibidos también ha contribuido a este desconocimiento.
Pero quiero hablarles de uno de ellos, el Felis catus, ese gato que lo está mirando desde su sofá favorito mientras lee este artículo. Obsérvelo bien: sus garras retráctiles, su preferencia por las alturas, el juego constante para ser el mejor cazador del mundo, el afilado de sus uñas en los rascadores, esa vigilia que acompaña su sueño, como si siempre estuviera atento a la presa más suculenta.
¿No lo ve ahora diferente? Sin melena y sin rugido, pero con el instinto de sus hermanos salvajes. Mire de nuevo. ¿Lo ve? Yo, cada día.