Alarcos: arqueología de una derrota
Reúne un oppidum ibérico, una ciudad medieval y las huellas de la batalla que cambió el Guadiana.
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Alarcos permite observar algo poco habitual: una ciudad cuya transformación quedó detenida por una batalla. En 1195, mientras Alfonso VIII impulsaba la construcción de un nuevo recinto urbano sobre un cerro situado junto al Guadiana, el ejército castellano fue derrotado por las tropas almohades. Las obras quedaron paralizadas, el lugar cambió de ocupantes y el proyecto de convertir Alarcos en un gran núcleo medieval nunca llegó a completarse.
Las excavaciones han permitido identificar ese momento preciso. Tramos de muralla sin terminar, estructuras del castillo, espacios ocupados durante los 17 años de dominio almohade y una fosa utilizada para depositar restos relacionados con la batalla forman parte de un yacimiento cuya historia, sin embargo, había comenzado muchos siglos antes. El Parque Arqueológico de Alarcos conserva una secuencia que se extiende desde la Edad del Bronce hasta el final de la Edad Media.
Situado junto al valle del Guadiana, entre Ciudad Real y Poblete, el cerro ocupaba una posición estratégica en las comunicaciones entre el centro peninsular, los Montes de Toledo y Sierra Morena. Esa localización explica que distintas comunidades utilizaran el mismo espacio durante siglos y que Alarcos fuera uno de los principales asentamientos ibéricos del territorio.

La fase ibérica
La fase ibérica comenzó a finales del siglo VI antes de Cristo. Sobre el cerro se desarrolló un oppidum oretano con un entramado urbano de calles pavimentadas y viviendas construidas sobre zócalos de piedra. Las casas disponían habitualmente de dos o tres habitaciones y formaban parte de una organización urbana que ocupaba buena parte del cerro.
Las campañas arqueológicas han ampliado progresivamente el conocimiento de esa etapa. Uno de los ámbitos que más información está proporcionando es el funerario, ya que el parque conserva tres necrópolis ibéricas.
Los trabajos han localizado enterramientos, estructuras tumulares y ajuares que permiten estudiar la organización social y los rituales funerarios de las poblaciones oretanas. Las campañas incorporan actualmente técnicas que van más allá de la excavación convencional, con análisis antropológicos, genéticos e isotópicos, dataciones mediante carbono-14, arqueometría, estudios de fauna, drones, fotogrametría y modelos digitales en tres dimensiones.

El sueño de Alfonso VIII
Muchos siglos después del periodo ibérico, el cerro volvió a adquirir una posición estratégica durante la expansión de los reinos cristianos hacia el sur.
Alfonso VII había conquistado Alarcos y Calatrava en 1147. Posteriormente, durante el reinado de Alfonso VIII, se planteó un proyecto mucho más ambicioso, reconstruir el castillo y levantar un gran recinto amurallado que debía consolidar la presencia castellana en el Guadiana.
La documentación arqueológica permite comprobar que ese proyecto estaba todavía en ejecución cuando llegó el ejército almohade.
El enfrentamiento tuvo lugar el 19 de julio de 1195. Las tropas de Alfonso VIII fueron derrotadas por el ejército almohade y el impacto sobre Alarcos fue inmediato. El proyecto urbanístico se paralizó y la ocupación cristiana desapareció.
A escala peninsular, la derrota frenó durante 17 años el avance cristiano hacia Andalucía y permitió a los almohades recuperar diversas plazas al sur del Tajo.

Ocupación almohade
Los almohades permanecieron en Alarcos hasta 1212. Durante ese periodo no continuaron el gran proyecto urbano iniciado bajo Alfonso VIII, sino que concentraron la ocupación en torno al castillo.
Las excavaciones han identificado un pequeño barrio de traza islámica en la parte alta, organizado alrededor de una calle pavimentada y viviendas con dependencias dispuestas en torno a patios. También se ha documentado una maqbara o cementerio almohade situada junto al castillo.
Ese cementerio se ha convertido en una de las principales áreas de investigación recientes, permitiendo reconstruir tanto las prácticas funerarias como la organización del asentamiento durante aquellos años.

Una fosa para leer una batalla
Uno de los hallazgos más directamente relacionados con 1195 apareció en la fosa de cimentación del castillo. Según la interpretación arqueológica, el espacio fue reutilizado para depositar materiales y despojos relacionados con el enfrentamiento.
Parte del armamento recuperado en Alarcos se conserva y expone actualmente en el Museo de Ciudad Real. El propio parque permite además contemplar el escenario donde se produjo la batalla y relacionarlo con las murallas, el castillo y los sectores excavados.
La derrota no significó que Alarcos desapareciera de forma inmediata. Después de la victoria cristiana de Las Navas de Tolosa en 1212, el enclave regresó a manos castellanas. Sin embargo, el gran proyecto ya no se recuperó.
De Alarcos a Villa Real
La historia posterior de Alarcos está directamente relacionada con el nacimiento de Ciudad Real. Tras la recuperación cristiana, el cerro perdió progresivamente la función estratégica que había justificado su desarrollo.
En 1255, Alfonso X fundó Villa Real, la actual Ciudad Real, en un espacio próximo que pertenecía al antiguo territorio de Alarcos. La nueva fundación acabó absorbiendo la función urbana que el proyecto de Alfonso VIII no había conseguido consolidar seis décadas antes. Parte de los elementos constructivos más nobles de Alarcos fueron reutilizados en la nueva ciudad.
El abandono fue progresivo. El cerro mantuvo usos religiosos y la ermita de Nuestra Señora de Alarcos continuó ocupando un lugar destacado en el paisaje, pero la función urbana ya se había trasladado definitivamente.

Excavar y proteger
Las investigaciones arqueológicas sistemáticas comenzaron en 1984. Desde entonces, las campañas han ido sacando a la luz estructuras ibéricas y medievales, pero cada descubrimiento incorpora una segunda obligación, conservar aquello que queda expuesto.
Un ejemplo reciente es la Necrópolis III. El proyecto de puesta en valor contempló nuevas excavaciones, trabajos de protección y se planteó instalar una plataforma elevada desde la que el público pudiera contemplar la necrópolis sin circular directamente sobre las estructuras arqueológicas.
El parque abrió al público en 2003. En 2024 se modificó además su delimitación, integrando el yacimiento de Alarcos, espacios de recepción, áreas de reserva arqueológica, el sitio histórico correspondiente al campo de batalla y un entorno de protección paisajística. El Parque Arqueológico de Alarcos-Calatrava incluye asimismo el yacimiento visitable de Calatrava la Vieja.
Las últimas actuaciones han ampliado igualmente la forma de interpretar el conjunto, incorporando recursos digitales y nuevos contenidos audiovisuales, pódcast, ampliación de las experiencias de realidad virtual y un espacio inmersivo de 360 grados.
El objetivo es que el visitante pueda interpretar un paisaje donde buena parte de lo esencial no siempre resulta visible a simple vista. La topografía permite comprender por qué el cerro tenía valor estratégico; las reconstrucciones ayudan a imaginar las murallas y el castillo; y la arqueología explica por qué una ciudad que se estaba construyendo en 1195 nunca llegó a convertirse en el núcleo urbano previsto.
El 19 de julio de 1195: una batalla que cambió el territorio
Alfonso VIII pretendía consolidar Alarcos como uno de los principales puntos de control castellanos al sur del Tajo. Cuando el ejército almohade llegó en julio de 1195, las murallas y otras estructuras de la nueva ciudad todavía estaban en construcción.
La derrota castellana paralizó ese proceso y devolvió durante 17 años la frontera hacia el norte. Los almohades ocuparon el castillo y adaptaron el recinto a sus necesidades, pero no continuaron el gran desarrollo urbano iniciado anteriormente. Después de la recuperación cristiana en 1212, Alarcos nunca volvió a convertirse en la ciudad proyectada por Alfonso VIII.
En 1255, Alfonso X fundó Villa Real en un emplazamiento próximo y más adecuado para el nuevo contexto. La batalla tuvo, por tanto, una consecuencia que puede verse todavía en la geografía actual, la interrupción de Alarcos contribuyó al proceso que terminó dando origen a Ciudad Real.

Un parque que investiga cuatro cementerios
Buena parte de los descubrimientos recientes de Alarcos proceden de sus espacios funerarios. El yacimiento conserva tres necrópolis ibéricas y una maqbara almohade, que permiten comparar sociedades separadas por más de un milenio.
Las excavaciones no buscan únicamente recuperar objetos. En la Necrópolis III se estudian la disposición de las tumbas, los rituales funerarios y la estructura social mediante análisis de ADN, isótopos, carbono-14, antropología y arqueometría. En el cementerio almohade, los trabajos analizan tanto los enterramientos como su relación con el castillo y con las estructuras creadas durante los 17 años de ocupación islámica.
Drones, fotogrametría y reconstrucciones tridimensionales completan actualmente la documentación. Las campañas permiten así convertir los enterramientos en una fuente para estudiar alimentación, origen, parentesco, creencias y evolución de las distintas poblaciones.