Año de nieves ¿y de bienes?
A todos los que dicen que los inviernos ya no son lo que eran, hay que contestarles que éste sí. Y si nos dicen que "después de la tempestad llega la calma" hay que replicarles que después de la tempestad viene otra tempestad. Y seguiremos sumando.
Las imágenes de manto blanco sobre campos en zonas del Señorío y la Sierra Norte, principalmente, con un cierto espesor, nos lleva, por otra parte, al recuerdo de las historias que nos contaban los abuelos cuando se dedicaban a la agricultura de subsistencia, dormían al ras con sus cuatro ovejas, no existían los teléfonos- tampoco los fijos, al menos en nuestro pueblo- ni máquinas quitanieves, esparcimiento de sal, alertas, previsiones, ni nada de lo que la tecnología hoy permite prever, prevenir y actuar. Entonces era una odisea ir a buscar al médico para que atendiese, por ejemplo, un parto, con carreteras intransitables, caminando con la nieve hasta la rodilla, sin saber bien su ubicación, y es que los niños nacían en su casa con medios rudimentarios y un sinfín de riesgos.
No sabemos, por el cambio climático, si lo que estamos viviendo en este mes de enero, que en definitiva es la normalidad más absoluta, lo propio de la estación como en julio los cuarenta grados al mediodía, será una excepción por ese bloqueo atmosférico que dicen ahí en la Atlántida, o un retorno a los inviernos que corresponden con frío, heladas, agua y nieve, nos gusten o no.
En todo caso, más allá de los peligros que conlleva porque la nieve por poca que caiga directamente paraliza, los hielos causan accidentes, los desplazamientos se complican, las carreteras colapsan y los ríos se desbordan, el agua es riqueza, garantía,- debería, de que este verano ningún pueblo sufrirá desabastecimiento y de que la naturaleza resplandecerá en todo su esplendor en primavera, incluidos los embalses.
Deseamos en este mundo pendiente de cómo se levante cada mañana el inquilino de la Casa Blanca y de la concesión del día del de la Moncloa, con una política polarizada, que se cumpla el refrán y sea año de bienes para la humanidad y para cada uno de nosotros. De momento este primer mes nos deja la mayor tragedia ferroviaria de nuestra historia con 46 fallecidos. Un pésimo comienzo. Pero quedan once meses por delante.