Año Nuevo

03/01/2026 - 16:35 Jesús de Andrés

El fin de año y el inicio de uno nuevo traen siempre consigo, en lo personal, la auditoría de uno mismo, el balance de lo bueno y de lo malo, el listado de los anhelos, la negociación interna para realizar arreglos a cambio de pequeñas dosis de voluntad. 

En lo público, reportan el recuento de lo ocurrido, el anuncio de lo que vendrá, el presentimiento de lo que pueda ser. 

Finaliza 2025 con una historia que, siendo real, es alegoría y metáfora a la vez. Ya conocen la historia: gracias a la labor de un grupo de jóvenes, toca la lotería en una zona rural, en un pueblo leonés que podría ser cualquiera de los nuestros, pero por un error no coinciden las participaciones vendidas con los décimos de lotería comprados, por lo que es imposible que todos cobren los 80.000 euros que le corresponderían a cada papeleta. A partir de ahí, se desata una tormenta en la que afloran lo mejor y lo peor de cada cual, la solidaridad y la avaricia, la comprensión y el rencor, la voluntad de acuerdo y el egoísmo con mayúsculas, la compasión y el odio enquistado. No hay más que darse una vuelta por las redes sociales, que amplifican estos sentimientos, para comprobar lo que somos. Y no hay más que dedicarle unos minutos a pensar de qué lado queremos estar para actuar -de ‘actus’, acción- en este año que comienza. 

Por lo demás, 2026 nos traerá a los españoles más tensión, más hartazgo, más agotamiento. Asistiremos, capítulo a capítulo (Aragón en febrero, Castilla y León en marzo, Andalucía en junio), al fin de ciclo del PSOE, a la resistencia de su líder, consumido, famélico, sin presupuestos, sin leyes y sin alianzas. Y seguiremos sin abordar las conversaciones necesarias que están en la calle y no se quieren ver, o se cancelan, persistiendo en el error, esas que otros aprovechan hábilmente para crecer. 

Seremos testigos también, por lo que apunta, del incremento de la crispación por parte de los aspirantes, que para algunos es su medio natural. A falta de proyectos ilusionantes, de una esperanza de cambio, de políticas claras para nuestras necesidades e intereses (vivienda, energía, industria, geopolítica, pensiones…), la oposición, e incluyo aquí a todos, se revolcará en el lodo de la confrontación partidista, en la identidad ideológica y nacionalista, en las camisetas de colores. La victoria será por desgaste, ganando una batalla tras otra, pero nos podemos encontrar al día siguiente con una tierra arrasada, que siempre es preámbulo de una nueva derrota. Ojalá alguien ponga sensatez. Feliz año.