Extremadura
Me sorprende que los análisis sobre las elecciones extremeñas pasen siempre por alto un dato fundamental. Hablamos de una comunidad autónoma compuesta, como saben, por tan sólo dos provincias que eligen -agárrense- a 65 diputados.
Hay estados que tienen menos: Islandia, por ejemplo, que se queda en 63, o El Salvador, que tiene 60 diputados para una población de más de seis millones. Castilla-La Mancha, con más del doble de población que Extremadura, se mantiene de momento en 33, aunque se anuncia un irresponsable aumento que sólo servirá para incrementar la representación más radical y el número de paniaguados por partido, aunque ese es otro tema. Señalada la desmesura, que creo que es importante también para entender el hartazgo ciudadano y las tasas de abstención, voy con unas breves notas.
Llama la atención que la presidenta, María Guardiola, con amplia experiencia en gestión pero escasa habilidad política, disolviera la Asamblea extremeña por no poder aprobar los presupuestos, buscando alcanzar la mayoría absoluta que le anunciaban sus mendaces gurús. Su resultado, por mucho que se niegue la realidad, ha sido un sonoro fracaso: sólo ha conseguido un escaño más, se queda a cuatro de conseguir dicha mayoría y ha perdido diez mil votos. Se enfrentaba al peor candidato posible, imputado por la creación de una plaza para el hermano de Pedro Sánchez en la Diputación de Badajoz, en medio del escándalo por los abusos sexuales en el PSOE, y pese a ello ha menguado su apoyo. Su torpeza, no acudiendo al debate electoral -otra brillante idea de algún asesor- o cuestionando la limpieza del proceso tras el robo en una oficina de Correos, con Tellado de inductor, ha sido inconmensurable. Y no se puede afirmar, como ha hecho, que fue por la abstención, porque Vox ha ganado 40.000 votos y la extrema izquierda 17.000. Si en vez de competir con Vox por cuestiones identitarias como los toros, la caza o las procesiones hubiera centrado el debate en la necesidad de modernizar Extremadura, algún escaño más de los diez que ha perdido el PSOE habría sido suyo.
El fracaso de su estrategia, si es que puede calificarse de tal, devuelve a Guardiola a 2023 y a nosotros a la realidad española, por donde cruza la sombra de Caín: PP y PSOE son incapaces, tras décadas de desprecio mutuo, de alcanzar acuerdos, tan sólo pueden pactar con sus extremos. Posiblemente veremos un escenario similar en Aragón, Andalucía y Castilla y León. Será Vox quien decida, quien ponga sus folclóricas condiciones. Y, aunque hoy parezca imposible, llegarán las elecciones generales, donde pasará lo mismo. No aprendemos.