Dépor-Barça
Esta semana, como saben, juega los dieciseisavos de la Copa del Rey, por una mezcla de virtud y fortuna, nada menos que contra el F.C. Barcelona.
Va para nueve años, cómo pasa el tiempo, que publiqué mi primera columna en este espacio. Había escrito antes otros artículos más amplios sobre temas diversos, pero comenzar una colaboración semanal, con la cadencia que ello requiere, ajustada a un espacio reducido, no lo había hecho nunca. Busqué un asunto interesante, alguno que hiciera mención a algo que nos uniera. Coincidió entonces con el 70 aniversario del Dépor que, fundado en 1947, no pasaba precisamente por su mejor momento. Nunca he sido futbolero más allá del interés social del asunto, de estar en la conversación pública, de mantener -desde que llegó- la afinidad con mi hijo Jorge. Como casi todos los chavales de mi época, bajé en pandilla a ver al Dépor al Pedro Escartín en aquellas tardes ociosas de domingo y paga. “Hay pipas oiga”, color morado en las banderas, alegría o resignación dependiendo del día.
El Dépor, para generaciones de alcarreños, ha sido admiración por los jugadores (¿qué habrá sido de Marianín?), un himno sonando por una vieja y ronca megafonía, un “¿qué ha hecho el Dépor?” los lunes por la mañana cuando jugaba fuera de casa. Ha sido, y es, la sección de Deportes de Nueva Alcarria, un hilo de continuidad entre generaciones, entre padres e hijos, entre todos los que en algún momento de su vida se acercaron al campo y compartieron los ¡uyyy!, los ¡pufff! y los silencios. Ha sido, y es y seguirá siendo, la afirmación de Guadalajara y sus gentes, quizá la única seña de identidad que no ha sido doblegada, salvo -en ocasiones- por los resultados deportivos y los manejos administrativos. Sus camisetas y bufandas moradas y blancas siempre estuvieron allí, en los momentos en que la historia parecía dispuesta a humillar una vez más a nuestra ciudad y a nuestra provincia: frente a la nueva autonomía, contra el trasvase del agua del Tajo o con los muertos del incendio. Siempre evocación de otros tiempos, siempre en emotivo contacto con nuestra memoria, y siempre, por supuesto, promesa de un gran futuro.
Ya en este siglo tuvo buenos momentos, llegando a la segunda división del fútbol español, categoría de plata en la que incluso llegó a ser líder. También los tuvo malos, como aquel oscuro descenso que lo arrojó de nuevo al desierto de la tercera división. Esta semana, como saben, juega los dieciseisavos de la Copa del Rey, por una mezcla de virtud y fortuna, nada menos que contra el F.C. Barcelona. Escribí entonces como escribo hoy, con ilusión: la de hoy, ya sé que absurda, de pretender ganar a un equipo grande, tanto como el Barça. Es imposible, soy consciente. Pero y si…