Choque de trenes
Desde hace varios años, por suerte o por desgracia, no hay semana en que no haga uno o dos viajes en AVE. Ocasionalmente desde la fantasmal estación de Yebes, casi siempre desde Atocha o Chamartín.
Tanto es así que a veces digo en broma que siempre me hubiera gustado hacer el Transiberiano, pero me toca conformarme con hacer un “trans-iberiano” semanal. Que la calidad del servicio ha disminuido en los últimos tiempos es indiscutible. Nadie me puede negar lo que veo cada día: falta de información, retrasos, anuncio de vías a última hora, estaciones llenas de trenes que no caben, carreras, conexiones que se pierden… La semana pasada circulé dos veces por la misma vía en la que tuvo lugar el accidente de Adamuz. Si a todos nos paraliza una catástrofe como esta, con 45 muertos con nombre y apellidos, cada uno con su historia personal, cuando uno lo ve tan cerca la impresión es mayor si cabe.
Averiguar lo ocurrido no será difícil, tenemos magníficos especialistas en reconstrucción de siniestros de este tipo: cómo el Iryo descarriló invadiendo la vía por la que transitaba el Alvia, cómo el Alvia contactó con el Iryo, cómo se produjeron el contacto, el vuelco y el impacto… Es cuestión de tiempo, de análisis de los datos. Lo sabremos al 100% en apenas unas semanas. Otra cosa muy distinta será averiguar el por qué, hasta qué punto el motivo ha sido la ejecución de las obras de reforma, las empresas contratadas, la calidad de los materiales, la no atención a las notificaciones de los maquinistas…, pero también se sabrá. Antes, no tengo ninguna duda, llegarán la confrontación y el enfrentamiento cainita.
Acostumbrados nuestros líderes políticos a la feroz batalla en la que residen, pasada la conmoción inicial llegarán, ya están llegando, las acusaciones, los argumentos falaces, la manipulación mediática de cada cual. Lo vimos con los 7.291 fallecidos por el covid en Madrid, con el cribado de los cánceres de mama en Andalucía, con la dana en la Comunidad Valenciana y con tantos otros casos. Son asuntos distintos, qué duda cabe: no es lo mismo la respuesta en Andalucía, donde dimitió la consejera de Sanidad y se asumieron responsabilidades, que la vergüenza ajena que aún produce la ausencia del presidente valenciano. La utilización maniquea y torticera de estos casos ha sido una constante; ahora las devolverán dadas. Al final todo sirve para la guerra sin matices, para la agresión al contrario, para el choque de trenes que es la política española desde hace tiempo. Lo malo es que todos somos pasajeros de ese tren y el accidente, como suele ocurrir, es cuestión de tiempo.