Araúz de Robles, un frondoso árbol, "de raíz de tierra seca"


Abogado, ensayista, asesor jurídico, escritor, dramaturgo y poeta acaba de escribir ‘Vísperas de la despoblación’ con artículos publicados en Nueva Alcarria entre 2023 y 2024”.

Fue el profeta Isaías el que usó la metáfora de la “raíz de tierra seca” para manifestar de manera gráfica que el Mesías nacería en un lugar, no solo en el que no sería esperado, sino también mal recibido, pero que de aquella aridez térrea él lograría fertilidad. De alguna manera, aunque evidentemente no en sentido literal, el protagonista de este artículo, el abogado, ensayista jurídico, escritor, dramaturgo y poeta Santiago Araúz de Robles (Molina de Aragón, 1936) es un hombre que nació en una tierra dura, de climatología extrema, con una acusada y ya endémica problemática socioeconómica entre la que sobresale su palmaria despoblación, como es el Señorío de Molina, pero que a sus 89 años de edad, bien llevados, es un frondoso “árbol”, profesional y literario, que ya ha dado mucha sombra. Y espero, y deseo, que aún le quede mucha más por dar. 

En este “Guardilón” de hoy vamos a intentar resumir, sobre todo, el importante bagaje que Araúz de Robles acumula en el campo de las letras; no obstante, se hace obligado referirnos también a su notoria y notable carrera en el ámbito jurídico en el que, sin duda, es un reputado profesional. De hecho, vamos a comenzar por él para así poder poner después más en valor su faceta literaria ya que no es habitual que un solvente perito en leyes acumule en cantidad, calidad y variedad, la obra que él ha escrito y publicado. Nuestro protagonista de hoy, además de tener uno de los despachos de abogados más importantes de Madrid, con bufetes también abiertos en Canarias y Andalucía, ha ocupado importantes cargos públicos en la Administración del Estado, entre ellos los de director adjunto a la Presidencia, inspector general y secretario del Consejo de Administración de Renfe; subsecretario de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente, secretario general técnico del Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo, director general del Gabinete del Ministro de la Vivienda y consejero del Banco de Crédito Local. Entre sus grandes logros profesionales puede destacarse el hecho de que fue él quien ideó la urdimbre jurídica para que, a finales de los años 70 del siglo pasado, en plena Transición política, la antigua Compañía Metropolitana de Madrid, entonces sin músculo financiero ni capacidad de dar a Madrid las líneas y el servicio de metro necesarios para sus necesidades presentes y futuras, pasara a ser propiedad del Ayuntamiento y la entonces aún vigente Diputación madrileña. Aquel hecho posibilitó que el metro de Madrid no se muriera por obsolescencia y que su red creciera y ayudara a crecer la capital de España de manera mucho mejor comunicada, hasta el punto de ser hoy considerada una de las mejores del mundo, gestionada por la Comunidad madrileña.

Hemos dejado en apenas una escueta referencia más de 60 años de la ingente actividad profesional como abogado de Araúz de Robles, pero este artículo, como ya anticipaba y tengo por norma, tiene debilidad por la literatura y es en este campo en el que vamos a centrarnos ahora. Desde el principio, ya anticipo que estamos ante un fértil y versátil escritor, con un evidente poso liberal en las ideas, un humanismo desbordante en la óptica antropológica y una sensitividad y sensibilidad manifiestas cuando narra o describe. Siempre eficazmente. Siempre bonito. Siempre bien.

Araúz de Robles es un escritor de amplio registro y que ha cultivado géneros como el ensayo, la narrativa de viajes, la novela, el relato corto o cuento- en el que es un auténtico maestro-, el teatro o la poesía. Esa versatilidad ya indica su patente afición literaria en la que, además, muestra una solvencia en fondo y forma y un estilo tan personal, que no solo estamos ante un diletante, un voluntarista, sino un gran escritor que, de habérselo propuesto, no me cabe la menor duda que habría alcanzado al menos tanto éxito como ha logrado en su faceta como jurista. De hecho, pese a dedicarse a escribir solo en su escaso tiempo de ocio, ha publicado una treintena de libros, el último de ellos titulado Vísperas de la despoblación, una obra editada por la Diputación Provincial y conformada por 37 entregas semanales que, con este mismo título, publicó en Nueva Alcarria entre 2023 y 2024. A estas entregas, ya publicadas, se sumó una nueva y final, inédita. Como ya dije en el texto del que soy autor y que figura en la solapa de contraportada del libro, “Araúz de Robles, con su eficaz estilo narrativo, su amplio conocimiento, su vasta cultura, su acreditada capacidad analítica y su cordial afección por su tierra molinesa, nos cuenta en él casos, cosas y anécdotas de aquella Molina -y, por extensión, de otras zonas de Guadalajara-, ya perdida, que precedió a la despoblación masiva. En ella, el paisaje era el páramo, aunque roto por vegas y ríos feraces y tajantes, y el paisanaje, gentes con nombres y apellidos, muchas veces también con motes, que en unos casos ya sabían y en otros aun no eran conscientes, de que estaban en las vísperas de una auténtica sangría poblacional con todo lo que ello conlleva. Tiempo de silencio y soledad para una tierra, pese a todo, “con futuro”, como Araúz titula su esperanzador capítulo final porque cree en las personas y no en los números.”

“Vísperas de la despoblación” es un pequeño-por su tamaño material y extensión- gran-por su calidad en fondo y forma- libro que merece la pena leer y que es una precuela de “Los desiertos de la cultura (una crisis agraria)” el gran ensayo que Santiago escribió a finales de los años setenta del siglo pasado y que la Diputación también editó en 1979 y reeditó en 2016. No conozco sobre el tema que trata una obra de mayor enjundia que ésta y que contextualice y explique mejor las causas y consecuencias de la despoblación masiva vivida en los años sesenta y setenta del siglo pasado y que “vació”-mejor dicho, asoló, porque vaciar es cosificar un drama humano, mientras que asolar es arruinar y dejar soledad, que es lo que verdaderamente ocurrió- el medio rural, no solo castellano, pero especialmente éste y, dentro de éste y de manera especialmente palpable, el Señorío de Molina. “Los desiertos de la cultura” es, para mí, un libro de culto, no sólo por los expresivos y explicativos datos que aporta, sino por el humanismo con el que su autor evoca un presente con más pasado que futuro y aborda una auténtica tragedia individual y social como es la del desarraigo. Según viene a decir Sánchez Ron en su prólogo para la reedición de 2016, Araúz de Robles practica como nadie el género de la “microhistoria”-de la que son protagonistas los que nunca lo son en las otras historias-, evidenciando pasión y empatía por su tierra molinesa, centrada geográficamente en esta obra en la media docena de pueblos próximos a la Vega de Arias, propiedad secular de su familia.

Araúz de Robles ha obtenido un sinfín de premios y reconocimientos por su obra literaria, entre ellos el Ciudad de León (1980), de relatos, el Ciudad de Motril (1982), de cuentos, el Tigre Juan (1983), de novela, o los certámenes de poesía Ciudad de Santo Domingo y Ámbito Literario, por citar solo algunos de ellos, a los que también cabría sumar, por su importancia, el hecho de haber sido finalista del Premio Nacional de Literatura de Ensayo “Miguel de Unamuno”. Igualmente, fue reconocido de manera especial por el jurado en el Premio “Ciudad de Avilés” de cuentos y galardonado en otros prestigiosos premios literarios como el ”Hucha de Oro”, “Carta de Oro”, Gabriel Miró o Pedro Antonio de Alarcón. Completa su labor literaria el hecho de ser un articulista habitual en periódicos y revistas de la notoriedad de ABC, Ya, Informaciones o Pueblo, cabeceras ya desaparecidas estas tres últimas, pero que, sobremanera en el llamado tardofranquismo y la Transición, jugaron un papel decisivo en el ámbito de la comunicación social y política. A nivel provincial también ha sido, y es, colaborador de diversos medios, entre ellos Nueva Alcarria como ya he reflejado previamente.

Sería un tanto prolijo relacionar la treintena de obras que Santiago Araúz de Robles ha publicado, por ello me voy a limitar a apuntar algunas de las que, a mi juicio, son más importantes, bien por su temática, bien por su aportación filosófica, humanista y literaria. Además de las ya citadas, he de anotar Lope de Vega y fray Luis de León (1971), Sociología del toreo (1978)-el tema taurino es muy recurrente en su producción ya que su familia posee ganadería propia y él es un gran aficionado y conocedor de este campo-, Pelota de trapos y otras confabulaciones (1983), Memoria del paraíso: Uriarte y el general (1993), Mi nombre, Albert Camus (2009), Trece cartas (Encuentros con Graham) (2010), ¿Qué hay, Marilyn? / El Corpus Chico  (2012), Nadie abate el muro y cuatro relatos breves (2015)”, Simone (2019) y Mariúpol  (2023). Me consta que actualmente está trabajando, ultimando ya, su autobiografía que llevará por título La vida breve, como la ópera, el drama lírico de Manuel de Falla. Otra de las señas de identidad de Santiago es su afición por la mejor música y su profundo conocimiento de ella.

Si bien la mayor parte de su producción literaria se ha desarrollado en el campo de la narrativa y el ensayo, termino ya con el Araúz de Robles más sensible y con una singular voz poética que, al menos a mí, me recuerda a las de Antonio Machado y, sobre todo, Gerardo Diego. Estos versos dedicados a sus raíces molinesas: “A mi tierra, de llagas y cortezas, / la primavera pródiga / la ha forzado con verdes impensables”, me recuerdan el gran poema machadiano del olmo seco. Y estos otros: “Ayer han florecido los almendros. / Al alba más temprana, / les han brotado los copos /a las cenizas agrias de sus ramas”, me llevan a Silos y su ciprés en los versos de Gerardo Diego. Solo un gran humanista puede ser un buen poeta. Y Santiago lo es.