Continuidad histórica

07/09/2020 - 16:04 Jesús Fernández

Lo que da unidad y continuidad histórica a un pueblo y a una cultura es la Constitución y la constelación de derechos y leyes que surgen a su alrededor.

 Se está poniendo en duda la unidad y continuidad histórica  de nuestra comunidad política como pueblo, como nación. La unidad real se está troceando por etapas de la convivencia política generada por la presencia y actividad de los partidos políticos. Se aplica un esquema cambiante y convencional a una realidad unitaria. Que si república, que si dictadura, que si democracia, que si transición. Se mide a los pueblos por sus formas de gobierno. Es cierto que hay flujos de población, conquistas, intervención de unos Estados en otros, guerras, anexiones, tratados, colonización, migración y refugiados que modifican el perímetro cultural y geográfico de las naciones. Pero eso no nos dispensa de hacer un mapa, una topología de los pueblos y naciones en el mundo en relación con sus derechos de gentes.

Sucedió con la nación  alemana. Cuando en 1949, aflojada ya la presión de los Comandantes Militares de los  Aliados, dejadas ya las muletas civiles y administrativas, hubo que redactar y aprobar una nueva Constitución. La pregunta saltó inmediatamente. ¿Es una nación nueva? ¿Hay continuidad o ruptura con la Alemania humillada, vencida, que había perdido la  Guerra? ¿Hacemos sólo una nueva Constitución o hacemos una nueva Nación? El dilema surgido se solucionó de la manera siguiente. Los legisladores tenían la convicción de que la única nación alemana no se había interrumpido y que elaboraban una Constitución para la Nación alemana que continuaba, aunque estuviese temporalmente dividida. La Guerra perdida fue una  hazaña militar propia de los ejércitos  que obedecía a la lógica de la supremacía de los venceros y vencidos pero que  había que  distinguir entre éstos, sus jerarquías y estructuras, y el pueblo llano y sencillo que, sin participar en ella, se veía obligado a llevar una vida económica  condicionada por ella (de ahí la expresión economía de guerra) muy confinada en sus movimientos, aunque llena de promesas.  

Esto puede explicar otra teoría de nuestra llamada Guerra Civil. Ella nunca fue el levantamiento de la mitad de la nación frente a la otra mitad, como quieren algunos comprando la teoría de las dos españas. Fue una cuestión entre el Ejército dividido en su disciplina y estrategias donde no podía intervenir  la población. Desde entonces, el pueblo ha sufrido muchas determinaciones pero nunca ha variado su constitución, su trayectoria, su unidad histórica y política. No negamos lo dicho aquí otras veces. Cuando los ejércitos se pelean es el  pueblo quien  sufre las consecuencias.       

Lo que da unidad y continuidad histórica a un pueblo y a una cultura es la Constitución y la constelación de derechos y leyes que surgen a su alrededor. Quienes luchan y combaten contra esa unidad, saben que el “tiempo constitucional” es un hito en la historia de los pueblos y, por eso, quieren minar los fundamentos de ella. De ahí viene la expresión período constituyente que ahora ya no es ningún tiempo específico sino que todo tiempo, toda política hecha por determinados  partidos, forma parte de ese revisionismo constituyente. Las fronteras constitucionales ya no tienen lugar en el ámbito  europeo que ha unificado y globalizado muchos espacios. Algunos se sienten muy cómodos dentro de esta mal llamada  pérdida de soberanía. Son los nuevos nacionalismos blanqueados como populismos ¿Será que ha cambiado el sentido de soberanía y que hay que ganarla o ejercerla en otros términos a los habituales?