Digger: Soberbia, pedante, única y... ¿de culto?

22/10/2026 - 13:18 J.P.

Desde que soy padre me agobia mucho el presente y aún más el futuro. Me gustaría que todo se quedara tal y como está porque, por mal que vaya, es un mal conocido. Y, a la vez, no me gusta que me digan lo que está mal o lo que puede ir peor. Quiero vivir en la falsa ilusión de que la seguridad de mis hijos depende solo de sus padres.

¿Y por qué les cuento esto? Porque me parece que es algo que se puede extrapolar a muchas personas. Y que explica el motivo por el que las sátiras ancladas en la realidad actual no funcionan. Son demasiado incómodas. De hecho, cuanto más fino es su análisis, más difíciles resultan de ver.

No sé si Digger es una profecía o un ejercicio, otro más, de soberbia por parte de su director, pero sí siento que la maldita locura que observo en la pantalla, a todos los niveles, es posible. Vamos a ver, al menos en esta película el empresario sin escrúpulos que gobierna el mundo y el presidente de los Estados Unidos que le hace de cómplice son dos personajes distintos. En este mundo nuestro de 2026 son el mismo, así que ojo con tomarse a chufla el resto de propuestas que hace.

Digger es un hombre que se ha hecho increíblemente rico y poderoso extrayendo petróleo de las entrañas de la Tierra, hasta que un día su ambición desmedida termina provocando un desastre medioambiental. A partir de ahí, tendrá que lidiar con las consecuencias y, por el camino, nos demostrará las terribles incongruencias del mundo en el que vivimos. El problema no es que los poderosos no quieran salvar el planeta, es que el ciudadano de a pie tampoco está dispuesto a renunciar a sus comodidades para lograrlo.

Que Alejandro González Iñárritu se tiene en muy alta estima es algo que todos sabíamos. Ya quedó claro en Birdman, en la que se autoproclamaba defensor de la CULTURA frente a los productos superficiales ideados para amasar dinero. En aquella ya establecía un juego entre realidad y ficción, entre personaje y persona, que recupera en Digger, que bien podría ser entendida como una continuación espiritual.

Iñárritu ya ha visto ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú y No mires arriba y probablemente por eso introduce un par de variantes en su farsa apocalíptica para hacerla más digerible y atractiva para el público. Sin duda, su guión está muy pensado y no se limita a  recopilar una serie de lugares comunes, aprovechando tanto para criticar a los poderosos como para señalar la hipocresía de los ciudadanos. Incluso se reserva el clímax para reivindicar el poder de la cultura y el espectáculo.

También hace un elegante y personalísimo ejercicio de dirección. Su película toca un punto álgido en lo que a representación artística y experiencia visual se refiere. Quien no quiera ver que será reivindicable solo por eso está ciego. También Tom Cruise lo borda con esa doble dimensión de su personaje, pasando de la caricatura al actor con asombrosa facilidad.

¿Y si tantas cosas buenas tiene, por qué no funcion en taquilla? En mi opinión, porque resulta extremadamente incómoda y extrema en líneas generales, una característica que tiende a alejar al público. Y también porque se ve demasiado en ella al director dando lecciones de moral, apuntando con el dedito. No es algo nuevo, pero si en Birdman no sentó tan mal fue porque su público objetivo, tan pedante como él, también odiaba al objeto de la burla: los amantes de la cultura superficial. En Digger eso no es posible porque nos ataca a todos.

¿Será una película de culto? Quizás, pero no para nosotros, sino para aquellos que en el futuro también coincidan en odiarnos por nuestra estupidez suicida sustentada sobre falsas ilusiones de seguridad.