Drones y catapultas

17/10/2026 - 15:43 Jesús de Andrés

Desfilan nuestras Fuerzas Armadas por las calles de Madrid con motivo del Día de la Fiesta Nacional. Acompaña la mañana, soleada, más veraniega que otoñal. Como todos los desfiles, este tiene un importante componente simbólico. 

En tiempos de paz, se realizan por orgullo patrio, para lucir músculo, también para exhibirse ante terceros. Aprovecha la concurrencia para celebrar la asistencia de los reyes o pitar al presidente del Gobierno. Ninguna novedad. Desde un primer momento se nota que no es una convocatoria más, que este año tiene algo especial. Se han convocado elecciones, que se celebrarán en unas semanas, sigue la acampada en la Puerta del Sol y continúa el lío en Ceuta.

Me llaman la atención tanto el apego a la tradición como la poca capacidad de adaptación tecnológica de nuestros ejércitos, como si no fueran conscientes del mundo en que vivimos. No hay más que echar un vistazo a lo que está ocurriendo en Ucrania para comprobar que el modelo militar y la tecnología necesarias hoy día poco tienen que ver con lo exhibido. Los conflictos ya no son como eran. Visto lo visto, mucho me temo que España tiene unas Fuerzas Armadas concebidas para un tipo de guerra que no es el actual, inadaptadas a los veloces cambios que se están produciendo. Ha podido verse en la formación militar de la princesa de Asturias: se nos mostró su salto con paracaídas, como unos meses antes su viaje en un barco de vela, como hecho fundamental de su educación castrense. Puede que eso sirva para fomentar la camaradería, como mecanismo de socialización o para demostrar el valor, no digo que no, pero de nada sirve ni servirá una formación como esa, ni a ella ni a ningún otro miembro de las Fuerzas Armadas, para afrontar un conflicto bélico. ¿Cuántos paracaídas han saltado en una acción bélica en la guerra desatada tras la invasión rusa de Ucrania? Ninguno. El paracaidismo militar, propio de las películas de la Segunda Guerra Mundial, es el equivalente a mantener cuerpos de arqueros o ballesteros, a utilizar catapultas con bolaños de piedra.

En España prevalece la idea de un gran ejército de Tierra con el apoyo de la Armada y del Ejército del Aire, en orden inverso al que debería ser. No hay en el horizonte ninguna amenaza de invasión de la Península. Al contrario, todos los potenciales escenarios bélicos que pudiera afrontar nuestro país tendrían que abordarse con medios aéreos y marítimos. Drones, guerra electrónica, inteligencia artificial, capacidad industrial, protección de la retaguardia… ahí están los retos. Lo demás, mucho me temo, de poco serviría.