El Real Sitio de La Isabela emerge de las aguas de Buendía gracias a Brambila
Bajo las aguas del embalse de Buendía, en la histórica cuenca del río Guadiela y junto a las tierras de Sacedón, descansa el patrimonio desaparecido del Real Sitio de La Isabela. El Mar de Castilla es el lecho que custodia este antiguo oasis termal. Cuando el nivel de la reserva desciende de forma severa, las ruinas emergen del fango para devolver a la superficie una parte de nuestra historia.
La oportunidad de contemplar este enclave en su máximo esplendor original llega ahora a Madrid. La Galería de las Colecciones Reales presenta la exposición temporal 'Brambila, pintor de los Reales Sitios', una cuidada selección que recupera el legado de este maestro. La exhibición, abierta al público desde el 29 de mayo hasta el 12 de octubre, cuenta con la dirección de Víctor Cageao y el comisariado de Isabel María Rodríguez Marco, conservadora de la institución.
Dentro de la muestra, el lienzo titulado Vista de la nueva población llamada la Isabela y de los baños, se alza como un testimonio de valor incalculable sobre este proyecto de urbanismo ilustrado enfocado en un balneario de aguas curativas. En esta obra magistral el autor muestra la intensa actividad constructiva, donde una profunda excavación desprende una densa columna de humo negro vinculada a las industrias auxiliares del poblado.
Los acopios de vigas de madera anticipan la ordenación de las calles. La ladera se despliega el núcleo urbano regular de casas blancas diseñado por el arquitecto Antonio López Aguado, presidido por el volumen de dos plantas del palacio de arquitectura neoclásica, perfectamente integrado en el paisaje característico de la provincia de Guadalajara.
Fernando Brambila (1763-1834), pintor de origen italiano, destacó como un extraordinario cronista visual de la Corona. Tras consolidar su rigor técnico documentando puertos y territorios en la célebre expedición Malaspina, se asentó en España como pintor y arquitecto de Cámara. Su gran encargo consistió en fijar la iconografía de las posesiones reales para el monarca Fernando VII, una tarea que dio como resultado una serie de 95 piezas de pintura al óleo. Para asegurar su difusión popular, estos lienzos fueron reproducidos posteriormente en litografías por el Real Establecimiento Litográfico a partir de 1833.

