Homenaje de un alcalde del Ducado a la mujer rural
Cobeta, ese puñado de casas de piedra rojiza y arenisca entre pinares y suaves colinas del Pinar del Ducado, parece suspendido en el tiempo. A 1.116 metros de altitud, con su torre vigía coronando la colina y la monumental iglesia asomando a la Plaza Mayor, el municipio de 43,59 kilómetros cuadrados y 100 habitantes guarda el latido callado y terco de tantos pueblos de la provincia de Guadalajara. Aquí, donde el río susurra junto al viejo molino, el alcalde Pedro Hernández Berbería ha querido recordar que las auténticas protagonistas de la historia de su pueblo siempre han sido ellas.
Mural hecho por las nlñas y niños de la escuela CRA Río Arandilla de Cobeta.
Él mismo lo repite con emoción contenida: no se cansa de decir que "lo mejor que le ha podido pasar a Cobeta, a la provincia y al mundo entero son los niños, y en el Día de la Mujer, son ellos quienes mejor demuestran la importancia de este homenaje". Porque las mujeres de Cobeta -y de todos los pueblos- son las verdaderas protagonistas de la historia. "Las seis niñas que hoy llenan el colegio junto a dos niños, las diez centenarias que siguen durmiendo cada noche en el pueblo, las madres, abuelas, hermanas, parejas y amigas… todas ellas han escrito con su esfuerzo el relato vivo de Cobeta", elogia.
El alcalde recorre con orgullo la lista de oficios que siempre llevaron nombre de mujer: las horneras, la del bar, la de la tienda, la panadera, la sastra, la pregonera, la pastora. Nombra con cariño a Teodora, la pregonera; a Patro, la del bar de la plaza; a Macu, la de la tienda. Y no quiere seguir para no olvidar a ninguna, aunque con esas tres ya queda claro el legado. Habla también de las cinco horneras actuales, nombre del restaurante y los apartamentos, todo un homenaje a cinco grandes mujeres.
Recuerda con admiración a Petronila, la bisabuela que enviudó con 32 años y sacó adelante sola a sus cinco hijos: Florencia, Martina, Hipólita, Celestino y Pedro. “Así hay un montón de Petronilas en todos nuestros pueblos”, dice.
Y evoca los trabajos duros que las mujeres asumieron sin queja: remasadoras de pinos recogiendo la miera mientras los hombres picaban, duleras sacando burros y mulas al campo, pastoras que eran medio pueblo, segadoras, acarreadoras, cocineras, planchadoras, cuidadoras de niños y mayores. Porque parían, criaban, atendían a los maridos y luego a sus padres.
Y de pronto se acuerda de otra figura inolvidable: Eusebia la Molinera, que acaba de cumplir 100 años y que durante décadas bajó con toda su familia al molino del río para moler el grano de todos.
Para Pedro Hernández Berbería da igual la profesión que se busque: las mujeres siempre han estado ahí, al frente. Por eso cierra su homenaje con fuerza: las mujeres son las auténticas protagonistas de la historia de los pueblos, del país y del mundo entero.
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"¡Viva las mujeres! ¡Viva Cobeta! Y una vez más… ¡Cobeta lo peta!". Este es su lema.
En este pequeño rincón del Ducado, el alcalde no ha hecho un discurso: ha levantado un monumento de palabras a las que nunca fallaron. A las que siguen escribiendo, con manos callosas y corazón inmenso, la historia viva de Cobeta.