20/03/2021 / 11:34
María y Laura Lara/doctoras, escritoras, Profesoras de la UDIMA


Imagenes

'Invitadas' las protagonistas

Es triste ser invitada a vivir la propia existencia con una voluntad anulada y manejada por externos. Eso ha sido la tónica de la mitad de la humanidad durante centurias de civilización. 


Concepción Mejía de Salvador fue una pintora granadina del siglo XIX que la historia del arte ha borrado. El cuadro Escena de familia, que se atribuyó a la artista, es indicativo de ello. El lienzo, que era el encargado de dar la bienvenida a la exposición de Invitadas del Museo del Prado, fue retirado del recorrido porque en un blog se indicó que su autor era un hombre, Adolfo Sánchez Megías. 

Las mujeres tuvieron que abrirse camino con el brío del león que Rosa Bonheur (1822-1899) pintó con el nombre de “El Cid” y que forma parte de la pinacoteca madrileña. 

A medida que fue avanzando la Restauración borbónica, la pintura historicista comenzó a pasar de moda en cuanto al Estado como comitente se refiere y avanzó hacia la denuncia social. 

Foto: 'El consejo del padre' por Plácido Francés y Pascual. La Coruña. Museo de Bellas Artes, depósito del Museo Nacional del Prado.

 

La mujer emergió con su cruda realidad: sumisa al marido, violada siendo niña por un criminal a quien tiene luego que identificar de entre un grupo de hombres mayores, atemorizada en un tren cuando le exigen ver el billete más que a sus compañeros de vagón, o como párvula en escuelas donde la “amiga” o maestra enseña tareas y doctrinas ad hoc para su género, con una educación sexuada que criticaría Emilia Pardo Bazán. 

De 1902 data “El consejo del padre”, donde Plácido Francés y Pascual inmortaliza a un padre -un modesto albañil en su descanso para comer- acompañado de sus hijas, a las que parece dar pautas de conducta.

Al mismo tiempo que España reflexionaba sobre su destino después de la pérdida de las últimas colonias, el desnudo como ejemplo de eficiencia artística fue quedando un tanto olvidado.

El término falena -mariposa nocturna de cuerpo delgado ydébiles alas, fatalmente atraída por el fuego- se asocia en la pintura de 1920 de Carlos Verger Fioretti a las mujeres que se ofrecían como acompañantes en los cenáculos elegantes. En la mesa del primer término un hombre maduro observa a una de ellas, que interpela a su vez al espectador con gesto inquietante. 

Ante estas imágenes, muchas chicas se cansaron de que la pereza, la soberbia, la locura, la brujería y la venganza se representaran injustamente solo con aspecto femenino, como si todos los desequilibrios mentales fueran exclusivos de un sexo desde la expulsión de Eva del paraíso terrenal.  

A principios del siglo XX, con la efervescencia de los nacionalismos y regionalismos después del Desastre del 98, cobró fuerza el tradicionalismo. Parecía el contrapunto de la mujer liberada que predicaban determinadas corrientes políticas, las cuales empezaban a esbozar reivindicaciones sufragistas. La élite madrileña fundó en 1909 la Sociedad Española de Amigos del Arte, exaltando a las manolas y la vestimenta de las tatarabuelas de entonces como sinónimo de virtud. Los tipos costumbristas actuaron de embajadores españoles ante los parisinos. 

 Foto: 'Falenas', por Carlos Verguer Fioretti. Museo del Prado (depositado en Zamora, Museo de Zamora). 

Reinas intrusas, extraviadas a las que se les imponía una brújula, madres a juicio, maniquíes de lujo, náufragas, modelos en el atelier, pintoras en miniatura, las primeras fotógrafas, damas “copiantas”, las viejas maestras y las “verdaderas pintoras”, señoras antes que pintoras y anfitrionas de sí mismas. Todas ellas están invitadas. 

Es triste ser invitada a vivir la propia existencia con una voluntad anulada y manejada por externos. Eso ha sido la tónica de la mitad de la humanidad durante centurias de civilización. 

Muchas de las pintoras y de las jóvenes reflejadas en estos lienzos que el Museo del Prado muestra tomaron las riendas y compusieron, con sus dichas y fatigas, su autobiografía, algo que en el tercer milenio todavía hay personas que no se atreven a hacer; o a quienes las leyes de su país o el derecho consuetudinario familiar, les prohíben. Atrévete a saber. Sapere aude.

Doctora María Lara y Doctora Laura Lara, Profesoras de la Universidad a distancia de Madrid Escritoras, Premio Algaba, Premio COPE y Académicas de la Academia de la Televisión. 


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