13/02/2021 / 18:30
Araceli Martínez Esteban /Doctoranda UAH en Estudios Interdisciplinares de Género y exdirectora del Instituto de la Mujer en CLM


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Isabel Muñoz Caravaca, una mujer adelantada a su tiempo

Mujer audaz, escribió apoyando el voto femenino cuando apenas nadie lo hacia en España. De hecho, llegó a confrontar públicamente sobre esta cuestión con la propia Carmen de Burgos.


Tal vez alguien recuerde ese primer artículo titulado El huésped del Ganges con el que inauguramos esta sección, Vindicaciones. En él aludía a Isabel Muñoz Caravaca -ilustre paisana de adopción y excepcional cronista del tiempo que le tocó vivir- y su relato de los temores que se estaban desatando ante una epidemia de cólera en 1910.

Nuestra protagonista ejerció la docencia en la Escuela de Niñas de Atienza entre 1895 y 1902, pero también dio clases nocturnas (sobre todo a hombres) y ayudó a varias chicas a preparar su ingreso en la Escuela Normal de Maestras.

Sin embargo, Muñoz Caravaca no se quedó ahí, pues se interesó por la astronomía y colaboró asiduamente con la prensa alcarreña, donde vertía su opinión sobre gran variedad de materias, sin circunscribirse a los asuntos típicamente femeninos. 

Mujer audaz, escribió apoyando el voto femenino cuando apenas nadie lo hacía en España. De hecho, llegó a confrontar públicamente sobre esta cuestión con la propia Carmen de Burgos, Colombine, que fue profesora de la Normal de Guadalajara y que en esos momentos se oponía con vehemencia a este avance hacia la igualdad.

El discurso feminista del siglo XIX puede apreciarse en voces femeninas fuertemente concienciadas, como Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán o Rosario de Acuña, por nombrar solo a tres de las más afamadas, pero también encontramos a mujeres menos conocidas que manifestaron su compromiso en entornos hostiles, donde se mantenía desaprovechado su talento dentro de los límites de la domesticidad y los pocos ámbitos públicos en los que se les permitía participar. 

Tal sería el caso de Muñoz Caravaca que, ferviente defensora de los derechos de las mujeres incluidos los políticos, se atrevió con las más tempranas reflexiones publicadas sobre este tema, siendo, además, de las pioneras en establecer contacto con el movimiento sufragista internacional.

Además, fue la primera española en pertenecer a la prestigiosa Sociedad Astronómica Francesa, actuando como anfitriona de su presidente, el célebre científico Camille Flammarion, y su esposa, la también feminista y pacifista Sylvie Pétiux, en uno de sus viajes a España. Una circunstancia que le valió tanto el reconocimiento de círculos aperturistas como el reproche público de quienes no aceptaban a las mujeres en la ciencia.

Aunque nació en Madrid en el seno de una familia acomodada, tras enviudar con cuarenta y siete años, como a tantas mujeres en su situación le sobrevino una crisis económica. Por esta razón, oposita y obtiene el puesto de maestra de niñas en Atienza, adonde se desplaza con sus hijos, trasladándose años después a Guadalajara para acompañar a uno de ellos, Jorge Moya, que había sacado plaza funcionarial en la capital.

La instrucción femenina se contemplaba, en el mejor de los casos, como una manera de perfeccionar el rol doméstico de las mujeres, que debían volcarse en su familia, muy especialmente en la crianza de las criaturas y en la obediencia a su maridos. Por el contrario, Muñoz Caravaca concebía la educación como una de las principales herramientas para la regeneración del país y para la redención de las mujeres, de modo que apostaba por métodos y contenidos educativos más sólidos y científicos en detrimento del desmesurado peso que la costura y la religión tenían en el horario escolar.

Desde la mirada del siglo XXI, muchos de sus planteamientos nos parecen tan lógicos hoy que cuesta creer que en alguna vez pudieran haber sido objeto de polémica, incluso de escándalo. Sin embargo, su defensa de la justicia social y del feminismo, así como su oposición activa a la pena de muerte y a la brutalidad con la que se trataba a los animales le granjeó la enemistad de los sectores más conservadores, desde la política a la prensa, pasando por un reaccionario predicador que se empeñó en predisponer a la sociedad atencina en su contra.

Si les interesa su figura, les recomiendo la biografía realizada por el profesor Juan Pablo Calero Delso, Isabel Muñoz Caravaca. Mujer de un siglo que no ha llegado aún, en la que podrán ahondar más en la vida de esta admirable mujer, así como en el contexto en el que transcurrieron sus días.

En Isabel Muñoz Caravaca hallamos una mujer valiente, activa y racional, que había accedido a la educación, la cultura y la ciencia, pero para la que la sociedad de la Restauración aún no había abierto los espacios en los que mujeres como ella pudieran desarrollar su enorme potencial. Por estos y otros motivos no me parece exagerado afirmar que fue, sin duda, una mujer adelantada a su tiempo a la que mucho debemos en el presente.


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