Jilgueros
El jilguero, el pájaro de la careta roja con su peculiar canto que anima campos, dehesas y parques urbanos, ha sido elegido por la SEO/BirdLife ave del 2026. Y arancel, resucitado como arma comercial por Trump, palabra del 2025 por la Fundeu.
La selección tiene su importancia en esta España llena de pájaros de otro cuidado en las instituciones. También mitiga algo la catástrofe ferroviaria de Adamuz este enero y su tradicional cuesta con pagos para aburrir, impuestos nacionales o importados y tasas inauditas.
El pajarillo, más conocido como cardelino en mi pueblo y Aragón, goza de buena prensa. Como las golondrinas. Una leyenda hermana cuenta que su rostro quedó manchado de sangre para siempre al intentar quitar las espinas a Jesús de Nazaret en la cruz.
No está en peligro de extinción. Se calcula una población de 15 millones. La designación persigue visualizar los problemas que afectan a las aves comunes y a la biodiversidad.
Ornitólogos y hasta poetas (“cuando el jilguero no puede volar.... /caminante no hay camino”, cantó Machado) destacan las ansias de libertad del pájaro más enjaulado (pese a estar prohibido) y valorado por sus alegres y variados trinos.
La tía Ramona, bonachona total, nos pedía al Daniel y a mí de zagales que no los apresáramos con red o liga como a los gorriones en los aguaderos. Nos contó que cuatro que tenía en una jaula aparecieron una mañana patas arriba. Sospechaba que la madre, que acudía periódicamente a alimentarlos, les había cebado con una semilla venenosa para librarlos de una esclavitud de por vida.
Los aranceles, contribuciones y otras medidas draconianas están minando las perspectivas y la alegría de los labradores. Recuerdo cuando niño que cantaban en el campo, acarreando o en el trillo. Algunos incluso mejor que los cardelinos. Hoy parece que todos se han quedado mudos.