Menudencias
Mi amigo Santiago Hernández tenía en los 80, primero en Diario de Castilla y luego en Nueva Empresa, una columna donde bajo este título hilvanaba textos con chascarrillos aparentemente livianos e inocentes. Pero mordaces, con retranca y astucia para hacer un quiebro al lápiz rojo del director y censores de turno.
Era un cajón de sastre en el que cabía todo, como dijo Baroja de la novela. Los jefes de entonces nos pedían periodismo humano con gracejo y mucha oración subjuntiva sin resultar pedantes. Ni caer en lo ordinario y ofensivo para la religión, el Ejército, el Gobierno, la oposición y las autoridades locales.
Estos días, por ejemplo, Santiago se haría eco deslizando irónicas analogías de la disminución del censo de cigüeñas en España, de que en Dinamarca han eliminado los buzones y el reparto de cartas físicas y postales, y en Alcalá de Henares triunfan los huevos azules de gallinas peruanas.
También pasaría revista a la religión y las procesiones con carnavalescas maneras tras la Cuaresma, a las controvertidas encuestas del CIS tezanesco, a la deuda pública creciente y al mercado persa de la política.
Quizá recordaría que Sánchez y sus coaligados ‘progres’ aprobaron en 2022 en el Congreso de los Diputados una nueva tasa de basuras. En Madrid y otras ciudades peperas se aplicó, como manda la ley, en 2025; en otras, como Barcelona y Bilbao, se hacen el longis.
Más romántico: comentaría sobre el burro Espinete que ha regresado a su finca de la Ribera del Marco (Cáceres), tras una misteriosa desaparición y búsqueda ciudadana. Parece que se trató de una ventura en busca de una nueva compañera tras la muerte de su ‘pareja’ femenina.
La epidemia de actualidad constante y el móvil siempre a dedo, como denuncia el escritor Landero, han matado la conversación. Puede que también aquel género periodístico singular.