Queridísimos canes

17/01/2026 - 12:18 Antonio Yagüe

Dios me libre con la venia de San Antonio Abad (San Antón), patrón de los animales y mascotas que se celebra este finde, de hablar mal de ellos. Los canes ya suman en España doce millones frente a los ocho de menores humanos. “Donde esté un perro que se quite un niño”, traduce la estadística con retranca un ilustre colega.

La efemérides del santo, no confundir con el  de Padua/Lisboa (13 de junio), patrón del amor humano, se ha convertido en fenómeno inesperado en estos tiempos descreídos. En  Madrid ya rivaliza en popularidad y espacio en Chueca con el Orgullo Gay. 

En mi pueblo ese día se daba la vuelta a la ermita de la Virgen del Regazo con mulas, ovejas y perros acompañando. El resto de animales, quietos y a lo suyo, incluidas las gallinas advertidas con el ripio “San Antón, gallinas pon” (y si no, retortijón).

Los perros son, según el paleontólogo Arsuaga,  una obra maestra de la Humanidad. Se han convertido en un juguete y una industria multimillonaria. Antes tenían un cometido familiar, incluidos los falderos. El pastor, cazador, guardián, trufero, lazarillo, policía… 

Que San Antón me libre también de criticar a quienes los bautizan con nombres antes reservados a personas por la Iglesia y el Registro Civil. Y a quienes los tratan como a tiernitas criaturas, gastan dinerales en pijamas, chubasqueros y gorras de marcas de lujo, los pasean en cochecitos de bebé, les pagan “niñeras”, les adaptan menús navideños con turrón, los llevan a restaurantes, guarderías, hoteles, clínicas y psicólogos. Un afamado laboratorio les ultima un adelgazante (Ozempic).

Quienes a veces pensamos a la antigua dudamos si con tanta ñoñería y contagioso candor animalista no hemos pasado de amos a sirvientes, devenido gilipollas en grado sumo y renunciado a la inteligencia y racionalidad que nos hacía diferentes.