Junio insólito
Los viejos profesores de latín hacían derivar a Junio de Juno, reina de los dioses en la mitología romana, esposa de Júpiter y patrona del matrimonio, las mujeres y la familia. De ella -añadían- viene también la palabra ´junior`, que significa menor porque la diosa era una protectora especial de las mujeres jóvenes.
Este cuarto mes en Roma, ahora a mitad del año, ya no es el más casamentero. Según las estadísticas lo ha superado septiembre, dentro del creciente rechazo a esta institución con o sin sacramento y a la familia tradicional.
Una encuesta internacional sitúa a España como quinto país del mundo con más mujeres que no quieren tener hijos, un fenómeno moderno en el que sólo nos supera Corea del Sur, Japón, Alemania e Italia.
Las decrecientes bodas tampoco son ya lo que eran. Las prefieren sin niños, tan caprichosos, atorrantes e intensos. Las celebraciones se asemejan a un parque de atracciones con más actividades que cualquier festival que se precie: tatuador, toro mecánico, rascas, exhibiciones circenses, churros tras la fiesta, Tinder personalizado…
Junio se ha convertido en una carrera de regalos a profesores y sinónimo de exámenes, sobre todo para los 300.000 jóvenes que se examinan de selectividad, con un ojo puesto en qué cursar para que no te sustituya la IA. Las entradas a las aulas con escáneres para detectar las ‘chuletas’ tecnológicas parecen de aeropuertos.
Ya huele a verano, que será tórrido según los meteorólogos pesadazos. Con la plaga de festivales y espectáculos y esa moda de miles de teléfonos bailando al aire por la obsesión de grabarlo todo.
El junio político se ha llenado de marrullerías y cloacas. Ayer revisité en sueños una clásica, pétrea y abovedada en Roma. Me desperté, tras saludar a Nerón, cuando se acercaba Pedro Sánchez, que le había dado un apretón.