Vergüenzas zapateras

27/06/2026 - 13:13 Antonio Yagüe

Vergüenza ajena es un término español, tan intraducible como gilipollas, para una emoción universal. A esa turbación que sentimos cuando alguien se empeña en arrastrar su dignidad por el fango también se la denomina “alipori”, consagrada por la RAE en 2014.

Estudiosos del sentimiento lo califican como “tortura exquisita” y “humillación indirecta”. Por ejemplo, cuando un político persiste en pronunciar mal un nombre y dar una explicación absurda o un humorista suelta una gracieta que recibe el silencio.  

Los medios desparraman diariamente casos que darían para una tesis doctoral inédita y otorgarían a España la copa el mundo en la materia.

Un expresidente del Gobierno que guarda joyas en cajas fuertes, adalid de la Venezuela madurista y plus ultras rescatados, investigado por siete presuntos delitos, sonroja y apena a todo español que se precie al escuchar su voz engolada, sosona e insípida ante el juez. 

Por no hablar de sus hijas exgóticas y la grotesca defensa de manual del presidente titular con medios, ministros y tertuliasnos corifeos. O del sentenciado exministro Ábalos y las vendedoras de placer enchufadas en empresas públicas. 

¿Y cuando el líder de la oposición compara el resultado de unas elecciones, por el efecto de D´ Hont, con un azaroso balón envenenado?: “Si da en el poste y entra, se ganan. Si sale rozándolo por fuera, se pierden”. Como ocurrió en 2023.  

Otro expresidente, metido a cronista deportivo, ha analizado cual Descartes gallego del oficio el 0-0 con Cabo Verde: «En el fútbol, lo que de verdad importa es meter más goles que el rival. Si no lo haces, pierdes. O, en el mejor de los casos, empatas”. Pocas veces se han dicho verdades tan irrebatibles.  

Se creen que todos somos gilipollas”, sentenció José Luis Cuerda en Amanece que no es poco, película de humor absurdo con situaciones surrealistas.