La capilla de las Reliquias


La catedral de Sigüenza ocupa de nuevo las páginas de actualidad. Los medios de información anunciaron la segunda fase de la restauración integral de la capilla de las Reliquias, suntuosa sala de gusto manierista, donde se reviste el obispo con los ornamentos litúrgicos, alzada en la segunda mitad del siglo XVI.

Significativas intervenciones, por valor de 800.000 euros, que se suman a las anteriores obras de consolidación, auspiciadas por el Instituto del Patrimonio Cultural de España, de conformidad con los criterios técnicos del Plan Director de la catedral, elaborado por los arquitectos José Juste Baeza y Eduardo Barceló Torres. Todo ello ajustado con lo dispuesto en el Plan Nacional de Catedrales de 1997, suscrito por el Ministerio de Cultura y la Conferencia Episcopal Española. 

Rebobinemos la historia de la bellísima capilla. Tiempos imperiales y místicos. Corren los años centrales del siglo XVI. El cabildo de la catedral de Sigüenza observa con gozo la finalización de la admirable sacristía mayor, llamada de las Cabezas, después de veinticinco años de obras. Sorprendente muestra del Renacimiento español, proyectada por Alonso de Covarrubias y realizada, sucesivamente, por Francisco de Baeza, Nicolás de Durango y el seguntino Martín de Vandoma, maestro de obras de la catedral. En sus majestuosas bóvedas espejean más de trescientas cabezas humanas, sobre medallones circulares. 

Son los retratos en piedra, enfáticos y expresivos, de monjes y obispos, abades, un pontífice, menestrales y doctores, aristócratas, artesanos, algunas mujeres, niños, bachilleres, campesinos y guerreros. Dicen que, entre ellos, se encuentran el emperador Carlos V y su esposa, Isabel de Portugal.   

El cabildo de Sigüenza, con el deseo de seguir enriqueciendo la zona noroeste del templo, busca adornar la capilla de las Reliquias, dedicada el Espíritu Santo, íntimo y reservado ámbito, a modo de oratorio, contiguo a la sacristía mayor.   Tras acordar el proyecto ornamental a implementar en la capilla, en 1561, los canónigos confían a Martín de Vandoma el cincelado de las imágenes que hoy día lucen en muros y superficies. Al mismo tiempo, encomiendan al afamado artista conquense Hernando de Arenas, que había trabajado en las catedrales de Cuenca, Jaén y Sevilla, el trabajo de forjar la reja de acceso al silencioso oratorio, que debería ejecutarse según las trazas, en poder del cabildo, presentadas por el escultor Esteban Jamete. De Arenas acepta el encargo y se compromete a entregar la reja en el plazo de tres años. Los gastos de estas obras serían sufragados, en parte, por la donación testamentaria del obispo seguntino Fernando Niño y Zapata, inquisidor y presidente del Consejo Real de Castilla, fallecido en Toledo en 1552 y enterrado en la catedral seguntina.  

Pasados los años, en 1596, el obispo Lorenzo de Figueroa y Córdoba manda instalar, en el altar del oratorio, un mueble relicario, acabado en arco y con puertas de librillo, donde guardar las muchas reliquias de santos veneradas en la catedral seguntina. Con el mismo fin, en 1618, se ensamblan las vitrinas barrocas con bustos relicarios, situadas, entre columnas salomónicas, a ambos lados del presbiterio. 

La fastuosa reja que ocupa el arco de entrada a la capilla de las Reliquias, fraguada en Cuenca y ajustada en Sigüenza, a modo de un gran retablo de hierro, dorado y policromado, está formada por tres calles y dos cuerpos, puerta central de doble hoja y una acicalada crestería. En las calles laterales destacan cuatro figuras de matronas romanas que personifican a las virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Y en la calle central sobresale el escudo heráldico del obispo Niño, con flores de lis en campo de oro, flanqueado por dos hermas (bustos sin brazos) apoyadas sobre estilizadas peanas. La gran reja culmina en muy decorada filigrana, donde hermosea, dentro de un pórtico, la imagen de la Asunción de la Virgen, elevada al cielo por tres parejas de ángeles. 

El interior de la recoleta estancia, de planta rectangular, descubre un imaginativo quehacer escultórico de intensa belleza. En sus muros, dos de ellos desnudos de adornos en su parte inferior, se alojan cuatro alegorías en piedra de los dones del Espíritu Santo: ciencia, piedad, caridad y fortaleza. Están esculpidas por el maestro francés Pierres Picart, conocido, entre otros, por sus trabajos en el palacio de Cogolludo, para el duque de Medinaceli. Y sobre el muro de entrada al oratorio fulguran dos escudos del cabildo, promotor de la obra. 

En la cabecera de la capilla asoman dos medallones que simbolizan al Ecce Homo y a la Virgen Dolorosa, y en los muros lindantes se representa el misterio de la Anunciación de María, de singular manera. En la pared de la izquierda se halla la Virgen, orante sobre un reclinatorio, y en el opuesto, san Gabriel, el arcángel mensajero. Ambas imágenes, de gran valor figurativo, quedan unidas, en la distancia, por la mirada y el gesto.

En los extremos de estos paramentos, en repisas copiosamente ornadas, aparecen grandes estatuas de atlantes y cariátides, de clásico perfil, que simulan sustentar el peso de la cúpula, colocados sobre dos arcos torales que encuadran el espacio de la capilla.  En el intradós de estos arcos despuntan, entre el rico atavío allí existente, todo tipo de bustos y cabezas, de análogo aspecto que aquellos que tapizan las bóvedas de la sacristía de las Cabezas. 

En altura, la cúpula semiesférica que cubre el recinto, lujosa y solemne, exhibe una espléndida iconografía de muy elegante factura. En sus paredes centellean, enmarcadas en dos órdenes de casetones renacentistas, los bellos relieves de una veintena de santos, de entre los más alabados en las ceremonias litúrgicas, encabezados por san Pedro y san Pablo. Un cielo de bienaventurados que adoran y contemplan, expectantes, la radiante figura de Dios Padre, expuesta en lo alto. Y en las pechinas, insertas en grandes medallones, descuellan las efigies de los cuatro evangelistas, autores de los relatos canónicos, ataviados con los atributos que los representan.   

Las armónicas y exquisitas galas que hermosean la capilla de las Reliquias, relieves, figuras, bustos, estatuas y entalles, que ahora serán restauradas, exteriorizan un nítido mensaje de corte teológico, labrado en piedra caliza, creado con ansias de eternidad. Sin duda alguna, la capilla de las Reliquias es una de las joyas, desconocida por el gran público, que guarda entre sus muros la catedral de Sigüenza.