Las lecturas de El Doncel


El historiador seguntino Felipe Gil Peces Rata, canónigo archivero de la catedral de Sigüenza, hoy emérito, sorprende a sus lectores con un nuevo libro, intitulado ¿Qué lees, Doncel de Sigüenza?, editado con esmero por la centenaria y seguntina imprenta de Rodrigo. 

Muy sugerente ensayo, en forma de opúsculo, escrito en pulcra y erudita prosa y principiado con prólogos del presidente de la Diputación de Guadalajara, José Luis Vega, y de María Jesús Merino, alcaldesa de Sigüenza, y un proemio, que he tenido el honor de escribir, por amable invitación del autor. 

Un cuidado volumen publicado a fin de conmemorar el 540 aniversario de la muerte en combate, en la vega de Granada, del joven Martín Vázquez de Arce, el denominado Doncel de Sigüenza, cuando cabalgaba en ayuda de su señor, Íñigo López de Mendoza, el II duque del Infantado, cercado por las tropas nazaríes. Memorable acción de guerra ocurrida el miércoles 21 de junio de 1486.   Terminaba la vida de un hombre, de veinticinco años, y brotaba la mítica leyenda del Doncel, inmortalizado en piedra de alabastro en su sepulcro de la catedral de Sigüenza. Un monumento funerario, de suprema belleza y autor anónimo, cuya fama ha traspasado lindes y fronteras. 

Evoquemos su gótica estampa, cantada por prosistas y rimadores: La elegante estatua del Doncel, de itálicas brisas, personifica a un muchacho, de oficios guerreros y hábitos intelectuales, recostado sobre una brazada de laureles, al modo de héroes y paladines, y en actitud de leer el abierto libro que sostiene entre las manos. Revestido de cota y malla, cubre su cabeza con un sencillo capelo a la veneciana, lleva al pecho la cruz bermeja de Santiago y, a sus pies, un pajecillo, sentado a la morisca, llora la muerte de su señor. Su insondable mirada, apenas fijada en el libro, vacila entre la fe y la duda, entre la vida y la muerte, entre el ser y la nada, y su cámara fúnebre, envuelta en un sonoro silencio, se torna en metáfora de la lectura y del estudio. 

Peces Rata, al contemplar, con emoción, la imagen del mitificado caballero santiaguista lanza a los vientos una inesperada pregunta: ¿Qué lees, Doncel de Sigüenza? Cuestión mil veces debatida y nunca averiguada, abierta a una infinidad de significaciones. Con el propósito de hallar la mejor respuesta a su interpelación, el archivero seguntino recopila y divulga, en páginas y reglones, las crónicas y relatos de una espléndida gavilla de cuarenta autores, clásicos y modernos, que han tratado de desentrañar los misterios del Doncel. Entre otros, figuran los filósofos José Ortega y Gasset, Miguel de Unamuno o Manuel García Morente; los novelistas Arturo Pérez-Reverte, Emilia Pardo Bazán o Antonio Gala y el historiador y lingüista Américo Castro. Y el arquitecto Fernando Chueca Goitia, los poetas Francisco Vaquerizo Moreno o José Antonio Suárez de Puga; los catedráticos Manuel y Antonio Fernández-Galiano, o el recordado Juan Antonio Martínez Gómez-Gordo, exalcalde y cronista oficial de Sigüenza. 

Libro de Felipe Peces Rata.

A ellos se suman los periodistas Víctor Márquez Reviriego, Manuel Alcántara o Juan Carlos García Muela, antiguo alcalde seguntino, y Antonio Herrera Casado, cronista provincial de Guadalajara. Sin olvidar al general y arqueólogo Mario Lasala Valdés, quien, allá por 1899, asignó al valiente soldado su afamado apelativo, al exclamar: “El hermoso Doncel, armado de punta en blanco, cae derribado en tierra por mortal herida”. 

Cada uno de estos pensadores recreó con imaginativas palabras, las posibles lecturas del Doncel de Sigüenza y la naturaleza del libro tenido en sus manos. Un tentador mosaico de pareceres y opiniones, a veces dispares, recogidos por Felipe Peces en anotada bibliografía, que atrapan la atención de eruditos y curiosos. Así, leemos como Miguel de Unamuno, otorga al célebre mancebo el nombre de “el Doncel del libro”, y José Ortega y Gasset señala que “la historia nos garantiza el coraje varonil” del Doncel, y “su escultura ha conservado su sonrisa dialéctica”. Y se pregunta: “¿Será posible? ¿Ha habido alguien que haya unido el coraje y la dialéctica?”. 

A su vez, Felipe Peces puntualiza que, a su juicio, el Doncel “está leyendo La imitación de Cristo”, memorable obra del místico agustino Tomás de Kempis, cuya primera edición data de 1472, dado que, “junto con Amadís de Gaula, era el libro de cabecera de la nobleza culta”, en aquellos años recios del siglo XV.

El excelente opúsculo ¿Qué lees, Doncel de Sigüenza?, se enriquece y culmina con varios apéndices, de especial interés. Entre ellos se encuentra el conocido poema del novelista y diplomático Agustín de Foxá, Romance a las salinas de Sigüenza, escrito en los albores del siglo pasado. Recordemos sus últimos versos: “¡Sigüenza puerto sin agua / con tu Doncel capitán / leyendo un libro de náutica / bajo el plomado cristal! / Si algún día pinto un mapa / te pondré en el litoral”. 

Destaca también la crónica que escribió Emilia Pardo Bazán, al visitar Sigüenza, el Viernes Santo de 1891, “invitada de honor a la mesa del obispo Antonio Ochoa y Arenas”. A esta comida asistieron también el gobernador de Guadalajara, Manuel Camacho, el alcalde de la ciudad, Ignacio Gil, y otras autoridades. Y, por último, se reproduce el articulo Sigüenza, publicado en la revista La Esfera en el verano de 1916, obra del periodista José Moreno Iglesias, firmado bajo el seudónimo de Salvador de Monsalud, el novelesco personaje liberal creado por Benito Pérez Galdós. Tres autores, tres sentires, tres épocas, que glosaron con brillantez la escultura irrepetible del Doncel, conservada en una muy adornada capilla de la catedral de Sigüenza. Resulta significativo el excelente álbum fotográfico, con antiguas y modernas ilustraciones, en color y en blanco y negro, cedidas gentilmente por Juan Carlos García Muela, María Cristina Padilla Pradera y Javier Munilla. 

Felipe Peces Rata dedica su flamante trabajo a “los escritores que, a través de sus obras, artículos y poesías, han dado fama imperecedera al Doncel de Sigüenza”. Sin duda, estamos ante un libro gustoso, de obligada y calmosa lectura, escrito con pasión en recuerdo de los más de cinco siglos de la muerte de un joven combatiente, de doctas hechuras, en la acequia gorda del río Genil, a las puertas de Granada. El Doncel de Sigüenza, el eterno lector, alegórico emblema de la urbe seguntina.