14/02/2019 / 08:34
Redacción


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La Otra Guadalajara se adhiere a la Revuelta de la España Vaciada

Nota de Prensa de La Otra Guadalajara


Desde 2006 nuestro colectivo ha venido trabajando por la justicia social que se debe al medio rural de la parte más pobre y olvidada de la provincia de Guadalajara, aquélla menos próspera, la que no entra en los grandes planes económicos, la que no promedia en las cifras de crecimiento demográfico, la más deshabitada e invisible: la Comarca de Molina de Aragón, La Otra Guadalajara. Un territorio de más de 4.200 km 2 , con una población de escasos 8.900 habitantes y una densidad de 2,18 hab/km 2 .

A lo largo de todos estos años el trabajo y los desvelos de las personas que nos han precedido y que han estado tanto en las bases como en la directiva de este movimiento han conseguido una Comarca que, aun no habiendo llegado al nivel de desarrollo que todos y todas desearíamos, ha logrado traer y conservar servicios que anteriormente no existían o que estuvieron a punto de desaparecer. Nuestro recuerdo y agradecimiento sincero por su lucha incansable.

Falta mucho para lograr una Comarca, ya no moderna, tan solo actual. Actual, en cuanto a posibilidades de que aquel o aquella que quiera emprender o asentarse con su empresa en este territorio no tenga que coger sus maletas para su realización personal y profesional; actual, en cuanto a vías de comunicación, cuya existencia y/o su concepción, en su gran mayoría, data de un periodo no posterior a la Guerra Civil; actual, en cuanto a desarrollo económico, puesto que hoy se puede considerar privilegiado aquel o aquella que posee un puesto de trabajo en este territorio.

Creemos, sin embargo, que el trabajo solo puede ser creado en unas circunstancias muy concretas que, hasta la actualidad no se han tenido en cuenta por los poderes públicos. Lo que hasta ahora se ha invertido -y cómo se ha invertido- no ha dado como resultado la reversión de la ‘Tendencia al habitante cero’ hacia la que caminamos. Las inversiones llegadas de la Unión Europea y recibidas por las Administraciones nacionales, regionales y locales no han logrado, tal y como se han distribuido, detener la sangría demográfica. Para colmo de males, en torno a ellas se han generado un neocaciquismo y unas clientelas que parecen sentirse en los territorios deshabitados en su medio ideal, por lo que son a la vez causa y consecuencia de nuestra situación. Para nosotros, por lo tanto, la oportunidad de que se generen oportunidades laborales y, como resultado de ello, que se dé un incremento demográfico, es también una cuestión de libertad y de salud democrática.

Vivimos en una época en la que, afortunadamente, se están haciendo visibles los colectivos más castigados y marginados por la Historia. Observamos con alegría cómo se elaboran e implementan leyes que tienden a igualar en derechos a personas que han sufrido la discriminación y que, por fin, justamente, se les está tomando en serio. No todo se tiene ganado ciertamente, hay que estar alerta, especialmente en esto años de clara regresión ideológica, pero es incontestable que su discurso va calando en la masa crítica y en la, a veces tan impermeable, clase política.

Sin embargo, todavía hoy, existen colectivos condenados al desprecio, al descrédito y la discriminación. Uno de ellos lo constituyen los habitantes de la España Vaciada, esa España de raíces rurales que todavía parece estar estigmatizada por arquetipos que ya nada tienen que ver con la realidad. A lo largo de los años de lucha hemos podido escuchar a ciertos políticos justificar la falta de atención que, según ellos parecemos merecer, tratando de acallar nuestras voces ‘porque si nos quejamos todavía haremos menos atractivo el medio rural’ -hemos llegado a escuchar.

Han llegado a mofarse incluso de algunas de las características de nuestras sociedades, tales como el envejecimiento (‘si allí no hay nada más que viejos’), los índices de masculinidad (‘si te descuidas, se van de los pueblos a buscarse novia a las ciudades’), o la misma suma de vecinos del territorio (‘esos pueblos tienen que desaparecer; si allí no quedan más que cuatro gatos’). Eso sin contar con el obtuso argumentario emitido desde el poder de que ‘si se hacen nuevas y mejores vías de comunicación la gente se va a ir antes de los pueblos’, lo que nos conduce a un orden de lógica surrealista que dictaría que, para detener la despoblación, lo ideal sería pasar el arado a las carreteras actuales y reducirlas, como mucho, a sendas de burros.

Hoy tenemos el enorme placer de anunciar que NO ESTAMOS SOLOS, que de cara a hacer más fuerza en las conciencias de la ciudadanía española y de esa clase política, tan desaprensiva a veces, nos hemos juntado, a día de hoy, catorce colectivos de toda España (y más que seremos) de muy parecidas características y reivindicaciones, que vamos a decir alto y claro ¡basta ya! Basta de tratar a las personas que vivimos en territorios despoblados como imbéciles, basta de caciquismo, basta de ningunear hasta hacer morir a nuestros territorios.

En esta REVUELTA DE LA ESPAÑA VACIADA, como nos hemos dado en llamar, están a día de hoy: Teruel Existe, Soria Ya, Jaén Merece Más, Cáceres se Mueve, Asociación de Amigos del Ferrocarril (Campo de Baza), Comarca de Guadix por el Tren, Plaraforma Viriatos (Zamora), Paisanos de Sancho (Campo de Montiel), Todos a una por Linares, Milana Bonita (Badajoz), Asociación Repuebla (Comarcas Arlanza y Pinares), A-11 Pasos (Valladolid), Plataforma Cívica por Cuenca y La Otra Guadalajara. Todos/as estamos convocados/as el domingo 31 de marzo en Madrid a las 12.00 h.

Como reza uno de los eslóganes de esta Revuelta: ‘Ser pocos no resta derechos’. La Constitución Española, en su artículo 19 otorga a los españoles la libertad de residencia y el 139.2 indica que ninguna autoridad podrá adoptar medidas que directa o indirectamente obstaculicen la libertad de circulación y establecimiento de personas en todo el territorio español. Pues bien, muchos entendemos que –al menos- estos dos artículos se han estado vulnerando sistemáticamente para el caso del medio rural español, en tanto que con mayor o menor descaro, se ha marginado durante décadas a este conjunto de territorios, se les ha hecho de forma inducida perder el tren del progreso, se les ha conminado a ser paisajes sin figuras.

Alguien dirá –porque siempre se dice- que en los últimos años se han invertido tantos y cuantos millones de euros en territorios como el nuestro (la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha habla de 60 millones en esta legislatura). Quizá está llegando el tiempo en que las inversiones en estos territorios de la España Vaciada no solo se cuantifiquen en dinero, cuyo provecho sería necesario vigilar por las autoridades europeas. Pensamos pues que las inversiones se han de medir, además, en otras unidades de progreso como serían las rebajas fiscales aplicadas al emprendedor, los kilómetros de infraestructuras viarias construidos o los puestos de trabajo, generados derivados de lo anterior. En suma, sería ideal que las inversiones se cuantificaran en el número de habitantes, de familias, que se mantienen o asientan de nuevo en nuestros territorios, por poder contar aquí con un trabajo digno y unos servicios e infraestructuras del siglo XXI. Así pues, en nuestro caso, por muchos millones de euros que se hayan invertido, la cifra de inversiones desde hace décadas es cero; menos que cero.

Nos ha tocado a nosotros, quizá por pertenecer a una generación soporte, aquí tan delgada, hacer frente a esta situación que muchos dicen irreversible. Por ello, por lo difícil que es esta tarea, y por los pocos que somos, asistimos con esperanza a esta coalición de movimientos, que no pide lujos ni quimeras, porque estamos todos hechos del barro del terreno y sabemos lo que hay: pedimos solo lo que nos corresponde por derecho. Creemos firmemente que la manifestación de Madrid del 31 de marzo será un revulsivo para la regeneración de la España Vaciada, que nuestro ‘¡ya no podemos más!’ se oirá, para vergüenza de muchos, en todas las instancias europeas. Aprovechamos para convocar a dicha manifestación, desde aquí, a todos los colectivos y asociaciones, y a todos los hombres y mujeres de bien de la Comarca de Molina y de toda la provincia de Guadalajara, habitantes o en la diáspora, que sienten la despoblación de la tierra como problema propio. Agradecemos, además, la solidaridad y el apoyo que se nos está prestando desde toda la geografía española por parte de los miles de emigrados (desterrados) oriundos de esta Comarca, a los medios de comunicación que nos dan voz y a los organismos que nos están escuchando. Somos pocos, pero juntos somos más fuertes.


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