La polémica de Recópolis
Para nuestra provincia, el yacimiento de Recópolis, situado en Zorita de los Canes, es un auténtico tesoro. Pocos lugares de Europa pueden presumir de tener una ciudad visigoda construida desde cero en su término, pues los visigodos no se prodigaron como grandes constructores.
Sin embargo, en las últimas semanas, han aparecido en prensa afirmaciones de ciertos arqueólogos poniendo en duda cosas que creíamos ciertas sobre Recópolis ¿acaso nos han engañado acerca de la antigüedad del yacimiento?
Para entender qué está pasando tenemos primero que ordenar los hechos, para después abordar la polémica. Así que empecemos por lo más básico ¿qué es Recópolis? Sencillamente, una joya única en Europa. Una ciudad fundada en el 578 por el rey visigodo Leovigildo en honor a su hijo y futuro monarca, Recaredo. Quizás los dos reyes godos más relevantes de nuestra historia. El padre por llevar a su reino al cénit de su poder, y el hijo porque ordenó que su pueblo se convirtiera en católico, pues hasta ese momento eran unos herejes arrianos. Leovigildo trajo el poder, y el hijo la obediencia a Roma. Y entre ambos, aparece nuestra maravillosa Recópolis. Un enclave singular, pues los godos preferían aprovechar las ciudades construidas por los romanos, antes que hacer las suyas propias. Se ve que a Leovigildo le gustaba lo que luego sería nuestra provincia. No nos sorprende.
Ahora pasemos de la Alta Edad Media al siglo XX. En el año 1945 España, o lo que quedaba de ella, se reponía de la Guerra Civil bajo el férreo control de una dictadura de corte fascista que observaba con buenos ojos las ideas de los nazis alemanes. En ese contexto, los visigodos eran vistos como una especie de pueblo salvador, que había inyectado sangre germánica en nuestras venas. Dicho de otra manera: el régimen no tenía ningún interés por indagar en nuestras raíces andalusíes, pero sí que estaba dispuesto a gastarse el dinero en demostrar que nuestros antepasados eran rubios y con los ojos azules.
Arco románico en la basílica de Recópolis, ciudad fundada en el 578 por el rey visigodo Leovigildo en honor a su hijo y futuro monarca, Recaredo.
Así las cosas, en ese año de 1945, el arqueólogo Juan Cabré se afanó por excavar en el lugar donde estuvo Recópolis, decidido a darle al régimen una alegría en forma de ciudad visigoda. Y en esas excavaciones ¡sorpresa! Cabré encontró el llamado “Tesoro de Recópolis”. Nada menos que 90 monedas de época visigoda, enterradas junto a una iglesia del yacimiento. Con una prueba tan concluyente, no podía haber ninguna duda: ese lugar era visigodo, y esa era la evidencia de nuestro pasado germánico.
Desde 1945 hasta 2026 hemos vivido convencidos de la autenticidad de ese tesoro. Pero recientemente se ha publicado un estudio, firmado por Fernando Arce Sainz, del CSIC, que afirma con bastante contundencia que ese hallazgo fue un fraude, porque las monedas se localizaron en un sustrato correspondiente a una iglesia medieval de los siglos XII-XIII, y no del siglo VI, que es la época en la que los visigodos construyeron nuestra ciudad. Para que nos entendamos, es como si encontrásemos una botella de pacharán en una guardería: no tiene sentido. Alguien las colocó allí intencionadamente. ¿Su lugar original sería otra parte de Recópolis, o se compraron en el mercado de antigüedades y se pusieron en el yacimiento para que se encontraran por casualidad? El dedo acusador señala, como no puede ser de otra manera, a Cabré.
¿Entonces qué? ¿Cerramos el yacimiento? ¿Renunciamos a nuestro pasado visigodo en Guadalajara? Ante el revuelo causado, los arqueólogos e historiadores que trabajan sobre el terreno en Recópolis han salido al paso de forma tajante para dar su opinión. En primer lugar, recuerdan que la arqueología en 1945 era bastante menos rigurosa que ahora, y las cosas no se documentaban tanto como en la actualidad, así que no puede descartarse un simple error de registro, sin mala fe. En segundo lugar, y sobre todo, insisten en que las monedas, aunque hayan sido importantes para identificar el yacimiento en su día, no son ni mucho menos la única prueba de la antigüedad de Recópolis: las excavaciones de las últimas décadas, dirigidas por el catedrático Lauro Olmo, han sacado a la luz una auténtica ciudad palatina, con murallas, calles, barrios, palacio y hasta un puerto fluvial conectado con Toledo. Nadie puede inventarse una ciudad así como así.
Interior del conjunto Palatino del Yacimiento de Recópolis.
Y conviene ser justos: ni siquiera la propia hipótesis del fraude está cerrada. La arqueóloga Pilar Diarte-Blasco, coautora de un estudio de cuatrocientas páginas sobre la moneda visigoda de Recópolis publicado este mismo 2026, ha salido a rebatir a Arce Sainz asegurando que “los datos no avalan” su hipótesis, y ha lamentado que el debate se haya presentado al público con más ruido mediático que rigor científico. Así que, de momento, estamos ante una polémica académica abierta, no ante un veredicto definitivo.
Lo que sí podemos decir con tranquilidad es esto: aunque se acabe confirmando que aquellas 90 monedas fueron un fraude urdido para ganarse la atención y los fondos de la dictadura, la entidad histórica de Recópolis como ciudad visigoda no depende de ellas. La ciencia sigue su curso, y cada vez es más difícil que un hallazgo dudoso pase desapercibido. Lo importante es que nuestro parque arqueológico sigue estando fuera de toda duda.