10/07/2022 / 10:45
Araceli Martínez Esteban /Doctoranda UAH en Estudios Interdisciplinares de Género y exdirectora del Instituto de la Mujer en CLM


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Las huestes de la Chaleca

La Chaleca nació en 1854 y tuvo una vida durísima, al igual que tantas personas trabajadoras del campo o de la industria que vivían en condiciones de miseria y explotación.


La inflación se ha convertido en el problema más acuciante para la ciudadanía española, y no es de extrañar. Al igual que en otras épocas, esta circunstancia empobrece de manera generalizada a la sociedad, si bien son las familias con menos recursos, aquellas que llegan justas a fin de mes, las que ven con impotencia cómo se deterioran sus condiciones de vida, incluso sienten comprometido el futuro de sus hijas e hijos porque la igualdad de oportunidades se convierte en un sueño del pasado.

Asimismo, antes como ahora, hay quienes apenas ven afectado su modo de vida, aunque pierdan capacidad de ahorro y, en ocasiones, la solidaridad con quienes se encuentran en una situación mucho más desfavorable. Y cómo no, también encontramos a los que siguen incrementando sus riquezas, a veces de manera legal pero éticamente dudosa, generando una brecha social vergonzosa de la que no se sienten responsables.

Con la guía de los conocimientos del profesor Juan Pablo Calero Delso −toda una referencia en la investigación histórica de Guadalajara y que con generosidad comparte su sabiduría− y con una larga inmersión en la prensa de comienzos del siglo XX, hallamos a una mujer que encabezó casi todas las insurrecciones populares habidas en la ciudad de Guadalajara consecuencia de las sucesivas crisis de subsistencia que impedían que las personas más humildes, que constituían la inmensa mayoría de la sociedad, tuvieran un cuscurro que llevarse a la boca. Su nombre era Juana Aragonés Sanz, pero todo el mundo la conocía por su apodo: la Chaleca.

La Chaleca nació en 1854 y tuvo una vida durísima, al igual que tantas personas trabajadoras del campo o de la industria que vivían en condiciones de miseria y explotación. Pero la Chaleca era especial, no se resignaba y se implicaba con ardor guerrero en la exigencia de la dignidad para todas las personas. Tanto ella como su familia formaron parte del grupo pionero de socialistas alcarreños, llegando su hermano Modesto a alcanzar puestos de relevancia nacional en el PSOE y, sobre todo, en la UGT, donde representaba al sector de los albañiles.

 Huelga de las 'faeneras' en Málaga por el encarecimiento de los productos. Fuente: Mundo Gráfico.

Su marido, apodado el Negris, murió trágicamente en 1915. Al inicio de una intensa tormenta salió a amparar a su borrica (o unos cerdos, según la fuente consultada) y fue arrastrado por la corriente del arroyo de barranco de la Zorra hasta las inmediaciones del puente del río Henares. Aparte del dolor personal, conviene no olvidar que la viudedad era la causa de situaciones de pobreza sobrevenida para muchas mujeres.

El caso es que en 1897, las tahonas de Guadalajara tomaron la decisión de subir el precio del pan, lo que originó que el 11 de septiembre más de doscientas mujeres se encaminaran hacia la casa del acaparador de trigo, que tenía retenidas grandes cantidades de cereal listas para distribuirse en otros municipios. El liderazgo de Juana Aragonés fue tan decisivo que en la prensa se hablaba directamente de la «insurrección arriacense chalequera» y de «las huestes de la Chaleca». El resultado de la protesta −conocida como «la subida del pan» y que acabó con varios sacos de grano esparcidos por el suelo− provocó que pasados unos días los panaderos reconsiderasen su posición y bajaran el precio de tan esencial alimento.

Al año siguiente, en el infausto 98, la Chaleca también estuvo involucrada en el motín contra la escasez de alimentos y el precio desmedido de los mismos. Resulta interesante señalar que en una ciudad de apenas diez mil habitantes, tres mil se echaran a la calle.  Unos años más tarde, esta vez en 1902, la tensión con los panaderos se recrudeció por una nueva subida del pan, la cual resultaba incomprensible porque el coste del trigo estaba a la baja. Nuestra Juana protagonizó un altercado con uno de los tahoneros, aludiendo haber sido maltratada de palabra y de obra; no obstante, el panadero salió exonerado al no poderse demostrar las acusaciones.

Pero tal vez la sublevación más impactante en la que participó la Chaleca fue la de 1918, un año realmente crítico en el que una subida insostenible de los precios motivó algaradas a lo largo y ancho de España. Así, el 6 de agosto del citado año, una tropel de mujeres comenzó a ocupar la calles de la ciudad obligando al cierre de los comercios y, prácticamente, paralizando la dinámica cotidiana de la ciudad. Fueron capaces de mantener viva la asonada hasta la hora de salida de las fábricas, de manera que los obreros se unieron a la revuelta femenina.

Al tiempo que se desorbitaban los precios, la calidad del pan empeoraba como relata muy bien el periódico La Palanca: «El primer día que regía el precio acordado de sesenta céntimos kilo, han salido panes faltos de peso y completamente crudos (…). A la mañana siguiente volvieron a recorrer grupos de hombres y mujeres las calles, obligando a cerrar las tiendas, no acudiendo al trabajo nadie, y subiendo a las casas para pedir que las criadas se sumaran a la manifestación». 

Sin embargo, esta protesta fue reprimida, ocasionando un muerto y más de una docena de heridos graves entre los que se encontraba la Chaleca. Esta fue procesada junto a otras seis personas en un consejo de guerra, resultando condenada tanto ella como Demetrio Yera, el Gorrilla. Lo cierto es que no permanecieron mucho tiempo en la cárcel porque, como alegó su abogado defensor, el capitán Flores, «la Chaleca no es más que una víctima de las injusticias sociales, que en ocasiones ha demostrado noble fiereza para defender su derecho a la vida».

Juana Aragonés se convirtió en una persona que debía ser tenida en cuenta. A pesar de su extracción social y, no lo olvidemos, de ser mujer, era recibida por las autoridades del momento, también por el mismísimo conde de Romanones. Sirva de ejemplo la coplilla que se le dedicó en la sección Floreos y Aguijonazos de Flores y Abejas en 1919, doce años antes de la aprobación del sufragio femenino:

 

Siento una gran alegría,

pues si al fin la autonomía

es ley, como se interesa, al frente de la Alcaldía

tendremos aquí Alcaldesa.

(...) si hay que votar algún día,

yo voto por la Chaleca


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