11/01/2019 / 17:45
Marta Velasco


Imagenes

Oriente

Dubai es Metrópolis o Gotham City, una ciudad del futuro, pero su espíritu duerme en las Mil y Una Noches, ese contraste me ha fascinado. 


Terminó el tiempo de navidad con el perfume a Oriente que siempre tuvo, con los Reyes Magos, la estrella y todos aquellos personajes enturbantados de mi belén infantil: Herodes, los pastorcillos, los camellos, el desierto... Por eso este año hemos ido toda la familia a conocer los Emiratos, invitados generosamente por uno de los nuestros. Entre Sigüenza y Dubai hay una diferencia de siglos, no sé si hacia el futuro o hacia el pasado... Pero el cielo protector, que diría Auster, es siempre el mismo y allí se defiende de las afiladas antenas de los rascacielos lanzando al amanecer, con la primera llamada a la oración, una bruma blanca que sobrevuela las cúpulas. Alrededor de esos templos modernísimos de acero y cristal, sólo el desierto, callado y polvoriento entre las suaves dunas, a veces rotas por un nuevo proyecto edificable. Todo nuevo, pero también todo viejo. 

Rubén Darío, subyugado por Oriente, describió la llegada de los Magos con sus ofrendas “Allí había oro en cajas reales, /perfumes en frascos de hechura oriental, /inciensos en copas de finos metales, / y quesos, y flores, y miel de panal”. Pues sí, así imaginé yo la mirra desde Guadalajara, en frascos de hechura oriental. En el hotel de Dubai suenan las canciones navideñas de Bing Crosby y en el metro he visto un rey mago de ricos ropajes, creo que era Gaspar. Allí hay pajes buscadores de taxis y un Niño Jesús, piel de seda, ojos negros y rizos de azabache. En el museo del viejo Dubai he visitado la Historia Sagrada, que es la suya. He ido a la mezquita de Abu Dhabi y al desierto.  En nochebuena, con una magnifica luna entre los gigantes iluminados, Pavarotti ha cantado Nessum Dorma y, justo encima del rascacielos más alto, el vertiginoso Burj Khalifa, estaba la estrella de los Magos culminando mi emoción.

Dubai es Metrópolis o Gotham City, una ciudad del futuro, pero su espíritu duerme en las Mil y Una Noches, ese contraste me ha fascinado. En cuanto a los dubaitíes, he admirado el respeto por su tradición, el orgullo por sus ciudades, limpias y seguras. Allí me he sentido cómoda y tengo que confesar que me ha seducido su exquisita educación, su comportamiento, su tono de voz y su amabilidad. Los elegantes dubaitíes, de kandora blanca impoluta, corbata perfumada de aceites esenciales, el pañuelo ciñendo la cabeza, van acompañados de sus esposas, ellas encerradas en su manto negro, del que escapan unas uñas rojas que aprisionan el bolso de Vuitton… Ellos han modernizado sus ciudades, pero continúan viviendo en un difícil equilibrio entre el ayer y el mañana, con el hoy en construcción. 

León Felipe llamó a los rascacielos de NY rascaleches, pero me gusta más lo que escribió Gerardo Diego sobre el ciprés de Silos: “Enhiesto surtidor de sombra y sueño, que acongojas al cielo con tu lanza”. Así recordaré los deslumbrantes edificios de Dubai, desafiando al cielo. Ha sido una Navidad preciosa y muy feliz.


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