Paseo ‘slow’ por el Tajuña

12/01/2026 - 19:26 fcv

El alcalde de Brihuega, Luis Viejo, ha puesto sobre la mesa la idea: ¿Y si hacemos un paseo slow por las aguas del Tajuña? Es una pregunta que no busca una respuesta inmediata, sino que invita a dejarla reposar, como se asienta el sedimento en el fondo de una poza cristalina. En un mundo que corre sin saber a dónde, la palabra "slow" ha dejado de ser una etiqueta de moda para convertirse en un refugio viral, una necesidad de reconectar con el latido pausado de la tierra. Él nos lleva de la mano a través de sus inspiradoras instantáneas.

Aquí, en el corazón de la Alcarria, el Tajuña no solo corre; el Tajuña susurra. A su paso por el entorno briocense, el río se convierte en un guía silencioso que nos enseña a mirar de nuevo. No es solo caminar, es una parada en el camino para entender que la verdadera belleza no se captura con prisas, sino que se absorbe por los poros.

El espejo del alma en el valle

Caminar por la ribera del Tajuña es ir haciendo las paces con la naturaleza, buscando el agua cristalina para verte reflejado. Las imágenes que nos regala el cauce son cuadros vivos, presididos por la sensación de disfrutar del reflejo de los chopos que, al atardecer, parecen querer beber del río. Es un espacio de una transparencia casi mística, donde el fondo se vuelve tan nítido que uno siente que puede tocar el tiempo.

El agua fluye con una parsimonia envidiable, abriéndose paso entre parajes donde la piedra y la vegetación han llegado a un acuerdo de paz hace siglos. En este entorno, la lavanda no es solo un cultivo, es un aroma que se funde con la humedad de la ribera, creando una atmósfera que invita a bajar el ritmo del corazón.

Cívica y el rumor de la cascada

Siguiendo este cauce, el paisaje nos regala hitos de piedra y frescura. Cívica se alza como un monumento a la contemplación; sus galerías excavadas y sus fuentes que manan directamente de la roca son el eco de una vida que entiende de paciencia. No muy lejos, el río se quiebra en saltos de agua y pequeñas cascadas que oxigenan el aire y el espíritu.

Son rincones de una precisión natural asombrosa. En las pozas que se forman, el agua se detiene un instante, invitando al viajero a hacer lo mismo. 

La crónica de lo invisible

Hacer una crónica de este paseo es hablar de lo que no se ve pero se siente. Es el espacio slow por excelencia, donde el patrimonio monumental de Brihuega -su castillo, sus iglesias, sus cuevas- se percibe como una extensión más de la geología del valle. La propuesta de un turismo lento no es otra cosa que devolverle al ser humano su capacidad de asombro.

El Tajuña, a su paso por Brihuega, es un recordatorio de que la vida, como el buen agua, debe ser clara y no tener prisa. Este paseo es, en definitiva, una invitación a fluir con el cauce, a dejarse llevar por la corriente de la calma y a descubrir que, a veces, la mejor forma de avanzar es, sencillamente, detenerse a mirar.