03/07/2020 / 20:13
Emilio Fernández Galiano


Imagenes

Pigmalión y la nariz de El Doncel

El testigo de la mano del hombre en el pasado tiene forma de Arte y hay que respetarlo, con independencia de los movimientos políticos de cada época.


Sois insensibles al Arte y a la Historia. Miopes mitológicos,  zafios frente a la cultura, sectarios a la hora de valorar nuestro pasado, patanes del buen gusto y de la inteligencia. Ahora se dedican a criticar a Cristóbal Colón y pretender derribar estatuas y monumentos. Derribad el coliseo, las pirámides, idiotas, fueron construidas por esclavos. Borrad las pinturas de Altamira, dinamitad el acueducto de Segovia, los restos de Tarraco, Itálica, el teatro de Mérida.

Cepillaros los restos de nuestra historia visigoda tejidos por manos humildes bajo el temor divino. San Cugat del Vallés, si us plau, las iglesias leonesas o el prerrománico asturiano. 

Dinamitar la mezquita –con ella tendríais más comprensión-, la Giralda, la Alhambra o la Torre del Oro, testigos permanentes y mágicos porque por entonces no existíais. 

Con el rencor de la expulsión del moro, deduzco que aborrecéis el pórtico de la Catedral de Santiago, o a la catedral de Jaca, Zamora y los inicios de nuestra catedral de Sigüenza, o el sendero cautivador del románico palentino y castellano. No en vano fueron construidas por la fe de la cristiandad y a la sombra de la Santa Inquisición. ¡Quemémoslas! Lamentables ejemplos que por la religión se incendiaron recientemente otras obras de arte. 

O del gótico, con el esplendor de Burgos, Toledo, León, la parte alícuota seguntina, Palma de Mallorca o las de Cataluña y Valencia. Acompañadas por su escultura y su pintura, joyas de arte que de ningún modo debieran existir por haber sido construidas por un cristianismo prepotente. Rematado por la excelencia del Renacimiento, cumbre emocional del desarrollo artístico de nuestros antepasados. Ejemplo singular y reconocido nuestro Doncel de Sigüenza. Y le rompieron la nariz. 

Se quieren cargar también las estatuas de Fray Junípero, la de Winston Churchill y hasta la del mismísimo Miguel de Cervantes. Que derriben también la Puerta de Alcalá, viendo pasar el tiempo. Pronto llegarán otras obras de arte, pinturas,  museos y bibliotecas, como en la quema de libros por los nazis en 1933. Se autodenominan populistas o antisistema, pero son tan nazis como Goebbels. 

Al menos, gracias a Colón la América hispana se “colonizó”, se mezcló entre sus indígenas creando un mestizaje hoy predominante y una formación gracias a las misiones de la iglesia católica, que de todo hubo, vive Dios. En la América del norte, sin embargo, sólo quedan unas cuantas reservas de indios. 

Me asusta la falta de sensibilidad, me aterra. El testigo de la mano del hombre en el pasado tiene forma de Arte y hay que respetarlo, con independencia de los movimientos políticos de cada época. “No podemos juzgar el pasado con los ojos del presente, es una barbaridad”, como bien dice Pérez-Reverte.

  No les pido la delicadeza de Pigmalión, que se enamoró de su estatua Galatea, pero sí que las respeten, porque el Arte es patrimonio de la humanidad. Como la nariz del Doncel. 


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