26/08/2016 / 11:50
Antonio Yagüe


Imagenes

Pueblos con abuela

Para bonito mi pueblo, y para guapo mi nieto. Pocas convicciones han perdurado tiempo como la exaltación de la patria más chica y la loa de la abuela.


Para bonito, mi pueblo, y para guapo mi nieto. Pocas  convicciones han perdurado tanto como la exaltación de la patria más chica y la loa de la abuela. Sus orígenes seguramente son anteriores a cuando Labros se llamaba Canrrostro y Molina se denominaba Manlia. Y, por supuesto, a concursos como El pueblo más bonito , en este caso de Castilla-La Mancha, organizado con mucha vista y poca originalidad por RTVCM.
    Molina es una de las cinco localidades de Guadalajara entre 2.000 y 15.000 habitantes elegidas por “iniciativa popular”. Otros cinco pueblos se disputarán el reconocimiento como menores: Checa y su vecina y rival Orea, Corduente, y dos tan diminutos en población como Sacercorbo y Olmeda de Cobeta (93 y 68 habitantes de censo). La competición, con finalistas como Sigüenza entre los grandes o Hita y Atienza entre los pequeños, pondrá difícil lograr un galardón en la comarca. En esta liga, juegan 153 pueblos, cuyos méritos ya se encargan otros de destacar.
    Además, el Señorío parte con desventaja. La votación, hasta el 9 de septiembre, se realizará a través de redes sociales, poco arraigadas en una población cada día más diezmada y envejecida. Ya sería una gran victoria colocar algún municipio entre los diez finalistas que el ente televisivo promocionará sobre todo turísticamente. El tirón, según cuentan, ha sido espectacular en los “44 pueblos más bonitos de España” (tres de Castilla-La Mancha), elegidos en un largo proceso a semejanza de otros países europeos, con asociación propia y respaldo de Marca España.
    Dicen los patrocinadores que el objetivo es dotar a los elegidos  de mayor celebridad a su historia, costumbres, paisaje o gastronomía. Molina rezuma historia, leyendas y folclore, muestra una despampanante intercalación de casas e iglesias, escudos labrados con refinamiento, barrio judío, puente románico, y está coronada a modo de seductora guinda arquitectónica por sus castillos. Y con mucho frío en invierno. En este caso también puede cotizar para ser, como el nieto, el más bello.
    Todos los paisajes encierran encanto por duros que puedan parecer, como evocaba Azorín a un amigo, a su paso por una zona albaceteña parecida: “Aún recuerdo aquella caminata de Alatoz a Carcelén, en una tarde fría y cárdena”. Fácil adivinar la belleza del atardecer invernal que describe el autor de “Los pueblos”.


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