05/11/2021 / 20:34
Emilio Fernández Galiano


Imagenes

Raúl del Pozo o la generación del 78

El conquense es capaz de inventarse una bella historia para ilustrarnos una magnífica noticia, en una pirueta entre lo didáctico y lo veraz, porque juega con las metáforas como nadie.


Por Emilio Fernández Galiano

"Paco Umbral me insistió en que no sonriera en las fotos, que se perdía cierto misterio, y le hice caso durante bastante tiempo, hasta que me di cuenta de que cuando sonreía al verme en la instantánea me veía más a mi. Y mejor”. 

Raúl del Pozo (1936, Mariana, Cuenca) es de esa generación de periodistas formados en el diario Pueblo bajo la batuta de Emilio Romero. Junto a otros emblemáticos cronistas, o literarios –por qué no-, como Pérez-Reverte,  Olano, José María García, Yale, Javier Reverte, Rosa Villacastín, Jesús Hermida, Carmen Rigalt, Forges, Amilibia, Balbín, Cebrián o Carrascal, entre otros muchos, aportaron a la ingenua sociedad española los primeros apuntes de un cambio que el NODO no transmitía.  No entiendo por qué esa generación no tiene nombre propio contando con un denominador común. Algo así como la del 27 por su entronque con la Residencia de Estudiantes. Puestos a jugar, se me ocurren algunos, y no necesariamente basados en una fecha generacional. Pero caeremos en la tentación de marcarles, como a las reses bravas, con un dígito, en este caso el 78, la Generación del 78. No es descabellado pensar en darle ese nombre a quienes desde las páginas de la prensa del momento, ya amarilleadas por el otoño, narraron la reciente historia española más apasionante: la Transición.

Decían que Antonio Mingote dejaba escribir a sus compañeros en el periódico en donde dibujaba. No es excesivo pensar que en el diario en el que Del Pozo escribe su contraportada, una pléyade de magníficos periodistas le siguen inspirados por su talento  Pero no seamos insinceros, todos sabemos que lo primero que miramos de El Mundo es su culo. 

El conquense es capaz de inventarse una bella historia para ilustrarnos una magnífica noticia, en una pirueta entre lo didáctico y lo veraz, porque juega con las metáforas como nadie y bebe de la mitología del Olimpo lo que en su día bebió de los tugurios de la Villa y Corte. Ahora juega con Pasítea y sus mil artículos de papel. Tal vez por ello se le ocurrió describir el viaje de su paisano y amigo Lorenzo Díaz en un carromato lleno de melones y putas para llegar a Madrid. Probablemente no llegó así, pero tenía que haber sido así. 

Raúl, a secas, como Ramón, disecciona la actualidad política española con la precisión del más prestigioso cirujano pero con la humildad del mejor médico de familia, como aquellos que pintaba Norman Rockwell en las portadas del Saturday Evening Post. No en vano, también posee su propia “garganta profunda” en el lumpen del Madrid de los Austrias o en la deriva del barrio de Salamanca, donde Vitruvio también dejó su impronta.

Le tocó tomar el testigo del hombre sin sonrisa, Umbral, para después de su fallecimiento ocupar el trono de la celulosa. Y decidió sonreír cuando le fotografiaran. A pesar de que, inexplicablemente, no pertenece a la RAE ni la Generación del 78 se estudia en los libros. Por ahora. 

 

Raúl del Pozo es el protagonista de las Noches Literarias del Parador de Sigüenza el viernes, 5 de noviembre.


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