06/08/2022 / 14:16
Emilio Fernández Galiano


Imagenes

Secretos de Estado

Los que ya lucimos canas recordamos cómo, cuando éramos niños, en verano, ante la falta de noticias, corrían ríos de tinta con lo que llamábamos, en bucólica expresión, serpientes de verano.


Uno de los secretos más codiciados fue siempre el que guardaba los pormenores del asesinato de John F. Kennedy, por muchos años considerados reservados y ocultos al gran público. No sé que parte de ellos ya han sido desvelados, pero habitualmente, su conocimiento no revela nada singular, esto es, más de lo mismo. 

Los secretos, además de un gran grupo musical, es como el juego o capricho de los gobiernos y los centros de inteligencia. Al fin y al cabo, un secreto es el mejor vehículo en el que pueda viajar un chisme, un cotilleo o, simplemente, un bulo. El que cuenta un secreto a su amigo más íntimo, éste lo desvela al otro suyo más intimo, y así se prolonga por eslabones en una cadena interminable. Lo curioso es que el primer eslabón no se parece en nada al último.

Los más jóvenes piensan que las noticias falsas han sido inventos de los “fakes”, en su propia jerga. Los que ya lucimos canas recordamos cómo, cuando éramos niños,  en verano, ante la falta de noticias, corrían ríos de tinta con lo que llamábamos, en bucólica expresión, serpientes de verano. Rumores improbables que pudieran convertirse en noticia, teniendo en cuenta que eran tres meses en los que había que cubrir las pocas páginas de los diarios de aquellos estíos interminables. 

Para amenizarnos el de este año, mucho más corto que los de antes, y más caluroso que muchos de ellos, aunque no todos, Pedro Sánchez se ha sacado de su chistera una nuevo anteproyecto de Ley, otro más: el de Secretos Oficiales. 

Dividiéndolos en diferentes categorías “en función de la sensibilidad de la información”, los agrupa en alto secreto, secreto, confidencial y restringido,  asignando un periodo de tiempo a cada categoría. Desde los 50 años a los “más sensibles”, hasta los 4 para los de “información restringida”. Ignoro si el presidente es consciente de los bulos que pueden surgir al presentar este anteproyecto justo después de su implicación en la trama de Pegasus, o si lo ha elaborado precisamente por ello. En ambos casos las consecuencias que se puedan derivar en nada le benefician. Tampoco a nuestra reciente historia. Es evidente que una ley así es necesaria en consonancia a las existentes en la Unión Europea, pero más discutibles son los plazos y las personas que puedan conocerlos. Plazos de 50 años más 15 prorrogables es una barbaridad, a no ser que se quiera borrar nuestro pasado reciente a toda una generación. Pero más preocupante es quién o quiénes pueden conocerlos con anterioridad. En principio se ha trasladado la competencia sobre los mismos de Defensa a Presidencia (a Bolaños, vamos), y en cuanto los diputados privilegiados en acudir a sus entrañas se encuentran socios del gobierno que en nada pueden beneficiar los interés de España y de sus instituciones. Como ejemplo, apuntaba recientemente Javier Cercas –el que mejor ha estudiado el 23 F-, pretenderán desprestigiar a la monarquía los de siempre por su posible implicación en el golpe. Algo imposible y falso, pues ya está del todo probado y contrastado. 

Lo dicho, ponga un secreto en su plato y prepárese para la diarrea. Felices vacaciones.


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