09/04/2022 / 10:29
Emilio Fernández Galiano


Imagenes

Sin filosofía

Lamentablemente las futuras generaciones no serán conscientes de la importancia que tiene conocer nuestros orígenes.


Primero fueron las “lenguas muertas”, el latín y el griego, paradójicamente bien vivas en nuestra lengua, en la forma y fondo de comunicarnos. En sus palabras se encuentran la práctica totalidad del origen de las mismas, su raíz etimológica. Lamentablemente las futuras generaciones no serán conscientes de la importancia que tiene conocer nuestros orígenes, como la de los sabios que nos precedieron y nos facilitaron nuestra cultura grecorromana. No sabrán qué es la filosofía ni la etimología, serán sólo términos “graciosos” para un nuevo juego cibernético. 

Recuerdo siempre a mi padre, entre sus papeles y sus exámenes para corregir, que su mesa siempre la presidían tres diccionarios: el María Moliner, el Julio Casares y el de la RAE. En ocasiones le preguntaba por el significado de una palabra y él, con su estilográfica, me señalaba los diccionarios. A veces bromeaba con que él tampoco lo sabía y previamente lo anotaba en un papel. ¿Qué quiere decir jaculatoria, jefe –así le llamaba-? Tras el rito habitual lo consulté en uno de los diccionarios: “Oración breve y fervorosa”, leí en alto. Al momento me enseñó lo que había escrito previamente: “Oración breve y fervorosa”. 

No quiero decir que se supiera de memoria los diccionarios, hablo  de que los consultaba con tal asiduidad que su memoria estaba repleta de significados, raíces etimológicas, sinónimos y antónimos. Claro, en primer lugar no existía Google, segundo, era un apasionado de nuestra lengua y nuestros orígenes, no en vano, además de licenciado en Derecho, lo era en Filosofía, no es de extrañar que terminara convirtiéndose en catedrático de Filosofía del Derecho. Y asistiría hoy, con enorme tristeza, cómo se prescinde de su mundo; imbéciles, que es nuestro mundo.

¿Cómo se puede comprender la vida sin conocer el mito de la caverna, de Platón? ¿Acaso no saben que las matemáticas y la filosofía no pueden convivir la una sin la otra? ¿O el siguiente paso es cargarse también las matemáticas porque existen las calculadoras? ¿Dónde se creen que nació nuestro actual ordenamiento jurídico, nuestras reglas para convivir en sociedad?

La filosofía, “eso” de lo que ahora quieren prescindir evitando que la estudien nuestros prohombres del futuro, en su principal acepción que recoge el diccionario de la RAE, en nuestra sana costumbre,  significa “Conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el  sentido del obrar humano”. Su estudio parece una intención sana e inteligente, sólo desde esas premisas podremos diferenciarnos de los animales, a no ser que pretendan convertirnos en seres de Orwell. 

Los presocráticos (esto es, los anteriores a Sócrates –no el jugador de fútbol, hablo del filósofo, por si algún adolescente lee esto), buscaron el origen de la vida y de las cosas, el famoso de dónde venimos y a dónde vamos. Y para ello se inventaron lo que llamarón el “arjé”. ¿Qué qué quiere decir “arjé”? Acudan al diccionario, por favor. 


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