Antiglobalistas

28/03/2026 - 13:32 Jesús de Andrés

Las cosas cambian, todo cambia, como dice la canción, también nuestra percepción de la realidad, incluida la política.

Si el mapa ideológico, entendido en términos de geografía parlamentaria, se dividía hasta el momento entre izquierda, centro y derecha, en los últimos tiempos el atlas se ha complejizado con la incorporación de terceras dimensiones gracias a la irrupción de los extremismos, tanto de derechas como de izquierdas. Ahora no separa ser diestro o zurdo, socialdemócrata o democristiano, ahora la clave está en ser globalista o nacionalista-patriota. 

Ese concepto, el de globalismo, que hasta la fecha había sido usado para referirnos a la creciente interconexión económica, al proceso de búsqueda de nuevas formas de gobernanza internacional o, sencillamente, a una visión cosmopolita de las cosas, se ha desplazado hacia un ámbito difuso, ambiguo, que, por carecer de concreción, sirve para todo, en particular para definir al enemigo: las élites internacionales que a través de ciertas instituciones (la Unión Europea, la ONU, los organismos financieros internacionales) o de conspiraciones ocultas intentan acabar con un supuesto orden occidental o imponer determinado modelo económico. La falta de precisión del concepto permite adaptarlo a cualquier narrativa, reduciendo fenómenos complejos como el comercio o las migraciones a la simplificación que va del “ellos” al “nosotros”. Esas poderosas fuerzas, para la extrema derecha, estan empeñadas en cambiar el mundo abriendo las fronteras, fomentando las migraciones, imponiendo normas caprichosas y erosionando las identidades nacionales. Si por el contrario el discurso viene de la izquierda radical, se asocian con el capitalismo transnacional o las multinacionales. No tienen más que oír a Santiago Abascal hablar de George Soros o a Ione Belarra de Juan Roig.

No deja de ser curioso que Vox y Podemos coincidan, con matices, claro, en el rechazo a las instituciones que nos dan estabilidad (la UE, la OTAN), en la condena de los oscuros poderes y las élites secretas que rigen el mundo o en el apoyo a las fuerzas antidemocráticas que nos rodean: de Maduro a Trump, de Netanyahu a los ayatolas, de Orban a Díaz-Canel, etc. Cada uno a los suyos, salvo en el caso de Putin, que por ser quien financia es apoyado por ambos extremos. Se va Abascal a visitar a Orban, “un amigo y aliado… al que todos los patriotas de Europa deben mucho” dice sin complejos, al más puro estilo López Vázquez (“un esclavo, un siervo…”, le ha faltado decir). Orban, el perrito faldero de Putin, el gran amigo de Trump. El caballo de Troya. La diferencia, siempre, está entre dictaduras y democracias. Lo demás son cuentos chinos, nunca mejor dicho.