Dos buenas noticias

17/04/2026 - 15:13 Jesús de Andrés

No son las relaciones internacionales un área en la que el Partido Popular se sienta cómodo, al contrario. No hace falta insistir mucho en ello. Desde que Estados Unidos e Israel atacaron a Irán, el Partido Socialista se vio feliz rescatando su “No a la guerra”, lema que tanto rédito le dio en su día.

 Incómodo, vacilante, en una indecisión manifiesta, sin terminar de entender los cambios que la Administración Trump ha traído consigo, el PP ha intentado no contrariar a dos aliados clásicos, posicionarse como socio fiel, hacer lo que supone que se esperaba de ellos. Nada más equivocado: es tal el daño que Trump ha hecho al sistema internacional, a las alianzas atlánticas, a las relaciones entre Europa y los Estados Unidos que, al final -ni agradecidos ni pagados- ni ellos mismos han sabido en este momento a qué atenerse.

En clave interna, que al final es la única que manejan, la servidumbre de Vox a Trump les dejaba fuera de juego. Quien aparecía en la foto con el presidente estadounidense no era Feijoo sino Abascal. Es curiosa la involución de Vox: del liberalismo al más claro iliberalismo, de defender la Unión Europea a señalarla como origen de todos nuestros males, de defender el nacionalismo español a vender España al internacionalismo dictatorial más ramplón. Menuda carrera. Y mientras tanto, el PP sin salirse del plano de la disputa local, del enfrentamiento cotidiano con el vecino, en el que tan cómodos se sienten.

Dos grandes noticias han tenido lugar, sin embargo, esta última semana, dos giros que benefician al Partido Popular, que lo liberan de carga, permitiéndole tener una posición más autónoma, sin complejos, entendiendo por fin el nuevo escenario en el que nos movemos, en el que les tocará gestionar la política exterior en el caso, más que probable, de que venzan en las elecciones generales y, sobre todo, consigan la mayoría necesaria para conformar Gobierno. La primera ha sido la inapelable derrota de Orban, el gran amigo, el gran apoyo de Vox. Hungría ha visto cercano el abismo putinista al que les conducía la mafia gobernante. La segunda ha sido el enfrentamiento sin disimulos entre el papa León XIV y Donald Trump. Hasta Meloni ha preferido liberarse del abrazo del oso norteamericano antes que renunciar a la buena relación con el Vaticano y, sobre todo, a su autonomía nacional. Feijoo debe tomar nota, nombrar un portavoz reconocido para su política exterior y dejar claro, muy claro, que ningún miembro de Vox se hará con los ministerios de Estado (Defensa, Interior, Exteriores…). Es mucho lo que nos jugamos.