Carmelo

07/03/2026 - 12:21 Jesús de Andrés

Ocurre en ocasiones que el nombre de pila se impone al apellido. A veces es resultado de tener un nombre original, que funciona como distintivo; otras veces, consecuencia de un apellido común que no distingue demasiado.

La historia y la literatura están llenas de ejemplos. En este caso, aunque pudiera haber algo de ello, Carmelo es Carmelo por su cercanía, por la bondad que transmite de forma natural y se manifiesta en su trato afable, sin atisbo alguno de dureza, con total ausencia de afectación. Quienes le conocemos lo sabemos sobradamente. No nos ha sorprendido por ello, todo lo contrario, el resultado que ha obtenido en las elecciones a rector de la Universidad de Alcalá: a pesar de que se presentaban cuatro candidatos, ha conseguido una amplia mayoría absoluta, imponiéndose con más del 57% de los votos, algo al alcance de muy pocos.

Conozco a Carmelo desde hace muchos años. Hasta el inicio de su campaña electoral ha sido profesor tutor en el centro de la UNED de Guadalajara. Debimos llegar a la par, a finales de los noventa, cuando ambos iniciábamos nuestras carreras académicas, él en la UAH, yo en la UNED. Desde entonces ha sabido conjugar perfectamente su vocación docente, su magisterio como economista de gran prestigio, con su voluntad de servicio a través de la gestión, algo para lo que hace falta mucha generosidad, pues no está ni agradecido ni pagado. Nos une también la pasión por el periodismo: como buen cogolludense que es, fue colaborador durante muchos años de Nueva Alcarria, símbolo de identidad provincial, parte de esa magnífica selección de corresponsales rurales que por aquí han pasado. De lo local, su pueblo, como colaborador de este periódico, a lo más alto, rector de la Universidad de Alcalá. De hecho, su victoria se ha basado sobre todo en el apoyo recibido por el campus de Guadalajara, mucho más homogéneo que el campus científico-tecnológico o las facultades tradicionales de Alcalá.

Carmelo ha pasado, sobre todo en los últimos tiempos, por situaciones personales complicadas, pero no ha cejado en el desempeño de su trabajo por traer a nuestra ciudad y a nuestra provincia la mejor universidad. Alguna vez hemos hablado sobre lo mucho que nos debe la autonomía, sobre la situación de marginalidad universitaria de nuestra provincia. Sólo cabe desearle lo mejor. Su amabilidad y bonhomía, su templanza y cordialidad, son un valor, sin duda, pero necesitará también que la suerte, la política y los presupuestos le acompañen. Por nuestra parte, estoy seguro, no le faltarán el cariño y apoyo de sus estudiantes y de todos los alcarreños. Enhorabuena, Carmelo.