Odiosos

14/03/2026 - 14:41 Jesús de Andrés

El diagnóstico es compartido por todos, tanto da que sean de izquierdas o de derechas, sobre todo si frecuentan los extremos: el clima político está enrarecido por el desprecio, el insulto, la descalificación y, sobre todo, el odio.

Donde difieren es en el sujeto: son los otros los que odian, los que nos aborrecen a nosotros, almas cándidas, seres de luz, víctimas de la barbarie que practican los demás, que además de odiarnos ponen en práctica su rencor ejerciendo la violencia día tras día. Celebra el Gobierno un Foro contra el Odio, en el Museo de las Colecciones Reales, en el que todos los invitados piensan igual, qué mejor forma de evitar que salte la chispa de la ofensa. Para que luego digan que no hay consenso. Anuncia Sánchez una herramienta para medir la huella del odio y la polarización. Así, como lo oyen. HODIO, lo han llamado, que ya son ganas de odiar a la gramática y a la lengua española salvo que la hache sea aspirada y la tilde esté en la i. El veredicto estuvo claro: el odio es de los demás. En concreto, de los fascistas, que, por lo visto, en la España de 2026 hay más que en la Italia de 1939.

Coincide la celebración del Foro con la polémica, ya sabrán, del enfrentamiento entre dos “comunicadores”: el agresivo “comunicador” Vito Quiles, un vulgar acosador que busca el fallo desde la provocación, y la no menos agresiva “comunicadora” Sarah Santaolalla, mediocre mártir de la izquierda en permanente lucha contra nazis y fascistas, que ve por todas partes. Dos personas evidentemente inmaduras, cuyo motor son la ideología y el enfrentamiento permanente, que comparten, tal para cual, los mismos patrones de comportamiento: invierten su propio papel, dependen de la validación externa, son siempre víctimas y participan de un narcisismo colectivo, de grupo, que les da resguardo. El caso es que ella ha puesto una denuncia por agresión física y se ha paseado por todos sus medios exhibiendo un cabestrillo, prueba evidente de haber sido atacada. El pequeño detalle es que la no agresión está grabada y no hay contacto alguno. Es decir, que está mintiendo.

Si una mujer es agredida todos debemos denunciarlo, perseguir al agresor, darle apoyo, protección y afecto a la víctima. El problema para ella en este caso es que la verdad es la que es, por más emotividad que le ponga. Lo suyo se llama denuncia falsa, esas que no existen. Flaco favor les hace a las mujeres víctimas de violencia, al feminismo y a su causa. Cualquier de ellas debería decirle “yo no te creo”, hermana.