El burka y la clase trabajadora

21/02/2026 - 12:09 Jesús de Andrés

Regresaba de viaje hace apenas dos semanas mientras escuchaba por la radio, según avanzaba la noche, los resultados de las elecciones aragonesas, las declaraciones de sus protagonistas.

Durante buena parte del escrutinio, ni a Podemos ni a IU-Sumar se les adjudicó un solo escaño en las Cortes de Aragón, un mínimo que salvara su indisimulable derrota, a pesar de que la provincia de Zaragoza tiene nada más y nada menos que 35 diputados. Pasaba el recuento del 30% cuando los restos dieron a IU-Sumar el que acabaría siendo su único escaño. Entonces los periodistas preguntaron a uno de sus candidatos por el puesto conseguido y este dijo, sin signo alguno de ironía, que ese escaño era la representación de la clase trabajadora. Reconozco que no pude aguantar la carcajada.

Está fuera de toda duda que en Zaragoza hay clase trabajadora. Sigue habiendo una potente industria en sectores como la automoción, la maquinaria o los electrodomésticos, por ejemplo. Otra cosa muy distinta es dónde ha ido a parar el voto de esos trabajadores, atentos, como no puede ser de otra forma, a sus verdaderas preocupaciones. Hace ya mucho tiempo que la izquierda más a la izquierda dejó en la estacada a su electorado natural, convirtiéndose en reducto identitario de burgueses urbanos. Ahora, eso parece la última maniobra de Rufián, asustados por los batacazos electorales recibidos -y por los que están por llegar-, se ponen a hablar de seguridad y de otras cuestiones a las que no han prestado la más mínima atención en años. Todos esos debates y otros muchos -la regularización de inmigrantes, los problemas derivados del alquiler de la vivienda, las denuncias falsas…-, problemas en los que se reconoce la ciudadanía, sobre todo la más desfavorecida, han sido recogidos por Vox. No tardará mucho esa izquierda, de seguir esa deriva, en pedir que se persiga la ocupación, en relacionar determinada inmigración con cierto tipo de delincuencia o, puestos a especular, en cantar las virtudes de Mercadona.

La votación para prohibir el burka ha permitido que se les vean todas las costuras. Votaron en contra de su prohibición, apelando a la libertad religiosa, para decir a continuación que oponerse a su uso es de izquierdas. La extrema derecha es un peligro, sin duda, por su discurso antieuropeo y autoritario. La trampa reside en que ha robado ciertas propuestas, por incomparecencia, a quien debería hacerlas. No faltará quien, lejos de aquí, se frote las manos. Al fin y al cabo, el objetivo de quien financia es el mismo: disgregar. Y poco importa si lo hace un extremo u otro.