Nuestro mar adentro

07/02/2026 - 12:01 Jesús de Andrés

La niebla cubre el valle de Torija. Tras pasar Taracena apenas se alcanza a ver el Pico del Águila, a intuir la Peña Hueva. La mañana es fría, húmeda, en tonos grises, como una película en blanco y negro.

En Torija la llovizna es apenas un susurro, un frío calabobos persistente que obliga a subir el cuello de los abrigos y desplegar los paraguas. La cita es en el castillo, en su torre del homenaje, en el Museo del Viaje a la Alcarria, del que se dice que es el único en el mundo dedicado a un solo libro. El encuentro es con uno de sus hacedores, el pintor Jesús Campoamor, que lo conoce como la palma de su mano. La idea original de hacer allí un museo dedicado al libro de Cela, al inmortal Viaje a la Alcarria, fue de Manu Leguineche, en la sobremesa de una cena precisamente en casa de los Campoamor. Inmediatamente se incorporó a la idea Paco García Marquina, quien, amante de ese libro y de nuestros castillos, sumó entusiasmo y fuerzas con Jesús Campoamor para hacerlo realidad. Juntos recorrieron cada uno de los lugares que visitó Cela en los años cuarenta: paradores, ayuntamientos, tabernas, comercios… De la talabartería de casa Montes al tenducho de casa Portillo, pasando por la albardería del Rata, no se dejaron un rincón buscando material para el museo.

Campoamor, noventa y pico años, sube raudo la rampa por la que se accede al Museo, en la primera planta. Le saludan con familiaridad los vigilantes de sala, acostumbrados a verle por allí de vez en cuando. Me sorprende la cantidad de visitas: cuento más de veinte personas a pesar de la desapacible mañana. Asciende con tiento por la escalera de caracol que conduce a las dos plantas superiores. “Hace tiempo que no subía”, dice animado. Comenta cada detalle, cada anécdota, con la memoria de quien allí estuvo. Como suele ocurrir, el desagradecimiento –y esto lo digo yo, no lo dice él– es evidente: ni una mención en las cartelas, ni una placa, ni una referencia a los tres promotores de la idea: Leguineche, Campoamor y Marquina, quienes además montaron la exposición y cedieron buena parte del material expuesto.

Me enseñará después, en la tranquilidad de su casa, la dedicatoria que Ramón Hernández le regaló en su El ayer perdido: “Me congratulo de que, andando el tiempo, te descubrieras gran pintor de nuestras tierras interiores, de nuestro mar adentro”. Ese mar adentro que es la Alcarria, en ese libro universal que es, debería ser, nuestra Odisea. A su alcance en el castillo de Torija.